Sociedad Cronopio

Revista Cronopio Edición 84 Cronopio, Sociedad Cronopio 2 Comments

DOS SIGLOS DE CÓNCLAVES DE GRIFOS: DE LOS «HERMANOS DE LA HOJA» A LA PLAZA CANNÁBICA

Por Juan Pablo García Vallejo*

1.- UNA SATANIZACIÓN FICTICIA Y LA RESISTENCIA CULTURAL DE LARGA DURACIÓN

El cónclave de grifos es una figura grupal que durante mucho tiempo ha pasado desapercibida para la sociedad mexicana por centrarse más en la figura del marihuano. Es pues, una parte importante de la Cultura Cannábica mexicana que está por re–escribirse, al ser la forma de organización natural, informal, inmoral e ilegal propia, particular o distintiva, de los consumidores de marihuana; con un lenguaje propio; con tiempos y lugares de consumo grupal específicos (madriguera de rufianes, cuartel, prisión, prostíbulo, café, arrabal), siempre viviendo fuera de la ley, proscritos por naturaleza.

«Una bella mañana os sorprende un hecho que creeís aislado: una tarde otro raro episodio os preocupa y al fin de todos esos hechos se concatenan y os presentan en todas sus partes, en toda su infamia, su vileza y la dantesca visión…».

Así como escribió el poeta modernista José Juan Tablada, nació este ensayo al darnos cuenta de la singular existencia de los cónclaves de grifos como fenómeno cultural cannábico particular que se repetía sistemáticamente en la narrativa múltiple de muchos escritores mexicanos de la República de las Letras comenzando con José Joaquín Fernández de Lizardi y su El periquillo Sarniento; de Juan José Tablada «Las misas negras de la marihuana» (1908); y sus memorias Las sombras largas (1928) y La feria de la vida; de Federico Gamboa su novela La llaga (1913); del poeta colombo–mexicano Porfirio Barba Jacob «La dama de los cabellos ardientes se bebe la vida de sus amantes» (1919); de Eugenio Maillefert el estudio antropológico La marihuana (1920), del periodista austriaco Victor Reko, La marihuana. El hashish mexicano (1926), el reportaje de Jacobo Dalevuelta «El mundo de los grifos» (1930), Rubén M. Campos Aztlán, tierra de garzas (1935) y El bar (1937), La feria de la vida (1937), de Alfonso Reyes el ensayo «Una visita a los infiernos» (1951); el poeta Enrique González Martínez La apacible locura (1951), del periodista José Alvarado «La mejor imagen de Porfirio Barba Jacob», Alejandro Ariciaga Camada maldita (2004) y el autor de esta ponencia en el libro Disidencia Psicoactiva. Movimiento Cannábico Mexicano y El marihuano en la narrativa mexicana del siglo XX.

Hace un año presente en el III Congreso de Filosofía de las Drogas la figura literaria del personaje marihuano y su tipología de acuerdo a la cultura cannábica. Volviendo a utilizar las diferentes obras literarias como fuente para la historia de los marihuanos vamos a centrarnos ahora en la figura grupal poco conocida, repito, pero muy difundida e imaginada de los cónclaves de grifos o misa negra, sesión satánica, culto verde, tenida verde y cofradía secreta son algunos de sus demás nombres.

Esto es interesante porque los cónclaves de grifos es una realidad imaginada por periodistas y escritores, no los propios marihuanos, que prefieren el margen social.

La visibilización de los cónclaves de grifos o del consumo grupal no medicinal, se va gestando lenta e invisiblemente por un sector de consumidores nuevos, los bandoleros, no es ya el uso idolátrico de la sociedad novohispana de forma individual o el culto cannabilatríco de Santa Rosa que se mantenía como un secreto o un monopolio exclusivo de los indígenas, siendo una práctica religiosa subordinada tolerada por la Iglesia Católica, una tradición popular como parte fundamental del folclor del pueblo mexicano, sea indígena, campesino o población urbana. Analizaremos ahora los cónclaves de grifos como una forma de sociabilidad más permisiva, de disidencia moral y, al mismo tiempo, de resistencia cultural popular de larga duración.

El consumo tradicional popular de marihuana en la sociedad secular moderna tiene un contexto cultural bastante adverso porque se considerara a esta singular práctica psicoactiva como una acción «contra la civilización», contra el buen gusto y la gente de bien. Las gentes de bien son católicos, profesionistas [sic], controlan sus pasiones mientras que los marihuanos pierden el control de su comportamiento individual de forma peligrosa, hasta mortal.

Está perdida de control del comportamiento individual, es aparente, porque las masas de pobres no tenían ningún tipo de educación y se les considera racialmente débiles, sumando a su desarraigo de la raíz prehispánica ni tampoco tienen un ningún lugar en el México secular, más que soportar la discriminación múltiple (económica, racial, cultural) de la minoría dominante, eran insignificantes y de escaso valor social para la élite criolla.

Para entender la situación de desventaja social de los indígenas recurrimos a lo escrito por Emilio Rabasa:

«Tres siglos de sumisión dieron a la postre una generación que había perdido el sentimiento de la personalidad y el instinto de dirección propia, sin compensar tales pérdidas con nociones superiores adquiridas, ni haber modificado siquiera el concepto fundamental de su grosera teogonía».

2.- LIZARDI Y «LOS HERMANOS DE LA HOJA», LOS PIONEROS MARIHUANOS

Se afirma frecuentemente que el periodista Joaquín Fernández de Lizardi no aborda la cuestión de la marihuana, muy a pesar de conocer todo lo relacionado a la vida del pueblo y la forma de hablar de cada sector social que refleja en sus obras literarias. No lo menciona porque el consumo de marihuana es apenas visible y tolerado, indiferente para las clases privilegiadas o alejado del interés económico primordial de la clase gobernante.

Ya con «los hermanos de la hoja» nos dice que el consumo es colectivo y que tiene un horario y lugar determinado, similar a su uso idolátrico pero este ha perdido toda relación con su origen mestizo y se ha distorsionado hasta llegar de nuevo a ser una característica de desventaja social de la mayoría de la población indígena y campesina. Su consumo forma parte de la tradición oral, algo que todavía tenía la mayoría de la población indígena.

La marihuana siempre ha colocado problemas lingüísticos, para filólogos, historiadores, médicos y también al lector común, desde el propio origen de la palabra. Para muchos sigue siendo un enigma, algo que ya resolvimos en nuestro ensayo La invención de la marihuana (2014) y que deriva después en un prolijo imaginativo y desbordado calo específico que surge alrededor de las diversas acciones del ritual psicoactivo y los efectos esperados así como de sus inconvenientes.

Pero la función del lenguaje en relación a la marihuana se hace más problemático si lo vemos en relación con el poder, como criterio lingüístico inicial para visibilizar el consumo colectivo de marihuana y que se diferenciara del uso tradicional en el México colonial. Pero como la Colonia es sinónimo de atraso se le cree ya sabida cuando se desconoce en realidad qué pasó con el consumo de marihuana.

Es necesario saber si el lenguaje o lo que nombramos está antes o después de la estructura del poder. Si está antes de la estructura de dominio, se confirma que el origen es de uso popular y de difusión oral discreta, hay controlarlo cuando se presenta como un peligro para la moral dominante. Si está después de la estructura de dominio, ya el lenguaje está blanqueado, legitimado por la clase en el poder y luego volverá al mismo pueblo donde será vulgarizado, para integrarlo y volverlo con el tiempo indiferente, aunque visible.

Por ejemplo, una de las frases o expresiones que utiliza José Joaquín Fernández de Lizardi, dice el investigador norteamericano Jack Emory Davis, de la Universidad de Arizona, que tiene relación con la marihuana aunque no se diga con este nombre directamente. Apoyándose en lo que estudió Albert L. Donnel dice que cuando Lizardi escribe sobre «los hermanos de la hoja» se está refiriendo directa mente a los consumidores de marihuana, los marihuanos.

«(gente) de la hoja: «Como todas las casas que visitábamos eran de aquellos y aquellas que llaman de la ‘hoja,’ me daban mis estregadas terribles, especialmente las mujeres.»

Al parecer, esta frase quiere decir algo así como «rufianesco»; es con este sentido que figura en Guzmán de Alfarache, Aventuras del bachiller Trapaza, y en otras de las novelas picarescas. 8

También se ha creído que «puede querer decir los marihuanos, que hoy en día gente de hoja se refiere a estos.» 9 Interesante teoría, pero nótese: «El polígrafo don Victoriano Salado Álvarez cree… que la marihuana no empezó a usarse en México sino hasta muy entrado el siglo XIX. Para asegurarlo se apoya, principalmente, en que en El Periquillo, no se menciona ese nombre ni por ningún de germanía mexicana».(10).»

9 A. L. Donnel, El lenguaje del Pensador Mejicano (México, 1950), p.90.

10 Artemio de Valle Arizpe, Cuadros (México, 1943), p. 229.»

Nos interesa destacar su asociación con el ambiente de los rufianes porque es un ambiente social proscrito, clandestino y nómada.

Pensamos que la interpretación de Donnel de los [marihuanos] como expresión grupal de consumo de marihuana, para nosotros hermanos de la hoja mexicanos, resulta problemática, porque no lo aceptamos. Pero tenemos que aceptarla debido al factor externo, la mirada extranjera ve lo que nosotros ya no vemos porque nos es familiar, natural.

Necesitamos siempre en la historia de la marihuana en México, la aportación de la mirada exterior, de los extranjeros para que nos expliquen los silencios de la historia, como decía el gran historiador Edmundo O’ Gorman, los momentos de fracasos y derrotas, disfrazadas de dulces victorias por la Historia oficial. No olvidemos que la marihuana es resultado del proceso de mestizaje (indio, negros y blanco) y que el consumo grupal se presenta un poco antes de la Independencia por la crisis del régimen colonial, con la presencia del bandidaje.

Si el vago fue perseguido por elegir su propio destino laboral, apartándose de la organización gremial y jerárquica del trabajo, los forajidos y bandidos también los eran, pero representaban una amenaza mayor para la sociedad.

Los bandidos suplantarán al indígena idolatra como enemigo interno imaginario. Pero a diferencia del segundo, tendrán poder, reclamarán una participación económico–social y contarán con una organización informal, ilegal y lucrativa.

Vamos a dar los rasgos elementales del fenómeno del bandidaje.

«Los bandoleros impregnan parte de la historia de México en el siglo pasado, aunque su estilo, su modo de operar y la resonancia de sus éxitos se fueron modificando a medida que la nación se modernizaba, siguiendo lineamientos capitalistas (…) las motivaciones de los bandidos mexicanos parecen haber sido siempre las mismas; siempre demandaron su participación en los beneficios de una sociedad que les daba pocas oportunidades de prosperar.

En general, los bandoleros eran marginados ambiciosos que querían su parte».

«Durante buena parte del siglo XIX, los bandidos de México tuvieron poder. En algunas regiones eran ellos quienes dictaban las condiciones del comercio.

Los bandidos no son sólo hombres; sino también mitos. La rutina del forajido, su constante fuga de la ley, la ocultación por tiempo indeterminado en escondites y carentes de comodidades y el persistente temor a la traición de algún camarada no parece impedir la admiración que se les rodea».

Si los léperos van a desacralizar el uso ritual en pulquerías y peluquerías, los bandidos van a continuar con el ritual secreto de su consumo, serán los enyerbados. Por ser una empresa económica ilegal no pueden actuar desorganizadamente.

Y al presentarse como una amenaza para la sociedad, los bandidos, como una clase criminal peligrosa, muestran una sociedad insegura, un Estado inestable y débil, y por eso se recurrirá a una invisibilización de esta amenaza al crear la figura del vago urbano que no tenía tantas pretensiones como los bandoleros.

3.- LA POLICÍA SANITARIA Y LOS MARIHUANOS

La policía sanitaria se crea en 1841 y muy rápido crea la figura del vago. Será en 1845, por la policía sanitaria, en un ambiente social inestable y caótico, pues no se cuenta con definición política, entre centralismo y federalismo, y sus actos oficiales y de autoridad son limitados y de escaso impacto social.

Y en 1846, aparece en la prensa metropolitana las primeras referencias del consumo grupal de marihuana desde el punto de vista médico, como una epidemia de soldados y un mal social que amenaza con extenderse a otros sectores sociales. Y aunque demanda una acción firme del «Superior Gobierno», éste nada pudo hacer contra este brote endémico durante el resto del año y al siguiente todo el país fue invadido por el ejército norteamericano en 1847 quedando maltrecho por esta guerra.

En cuanto a la afirmación de Victoriano Salado Álvarez, de que su aparición se dio bien entrado en el siglo XIX, es que ya era inevitable su presencia, la invasión de la drogas está en todos los sectores sociales. En la Belle Époque en el porfiriato es a la vez la paz de los sepulcros que posibilita el progreso material y, al mismo tiempo, el terreno para la vida bohemia. Salado Álvarez sabía que Hernán Cortés había cultivado cáñamo, en Cuernavaca y Veracruz, que esa fue su aportación a la botánica mesoamericana, y por ello es considerado un hombre prodigioso.

En 2014, escribí en el blog de la Gaceta Cannábica: «Ayer en la biblioteca encontré, por intuición que no por dato preciso, un libro del periodista decimonónico Victoriano Salado Álvarez, donde señala que el fundador de México, el extremeño Hernán Cortés, además de conquistador de los indígenas también fue un hombre atraído por la agricultura y la industria.

Como vencedor de la Conquista se adjudicó grandes extensiones de tierra, las mejores, en Tuxtla, Cuernavaca y Cuautla donde cultivó el cáñamo. Y hay que añadir que también la encomienda de Ecatepec, porque era la entrada estratégica al Valle de México, pero con la desventaja de que el suelo salitroso ecatepecano no posibilitó el cultivo de cáñamo. (Ver mi libro Efemérides de Ecatepec, San Cristóbal Ecatepec, 2008).

«Fomentó la cría de los ganados vacuno, caballar y de lana e implanto la siembra de trigo, cáñamo y lino en sus posesiones», señala Salado Álvarez.

http://gacetacannabica.blogspot.mx/2014/01/hernan-cortes-primer-cultivador.htm

Si bien Lizardi no menciona la palabra marihuano, señala el uso textil del cáñamo en dos tipos de tela: el cotense y la estopilla. La revista Letras libres, en 2014, agregó otro uso de las telas de cáñamo en Lizardi el cotense.

http://www.letraslibres.com/mexico-espana/paliacate-mascada-cotense

Del cotense dice Joaquín García Icazbalceta en su Vocabulario de mexicanismos (1892-1894) que es «Tela burda de cáñamo. Sirve para abrigar fardos, asear las casas, y otros usos». Lo documenta en El Periquillo Sarniento (1816), de Joaquín Fernández de Lizardi.

Por su parte, en Don Catrín de la Fachenda nos dice que este personaje picaresco viste camisas de estopilla.

4.- LAS MISAS NEGRAS

Durante todo el siglo XIX, el consumo grupal de marihuana pasará de los proscritos bandoleros, a los marginados soldados, léperos, presos y prostitutas. La embriaguez de la marihuana será vista como causa de demencia y violencia homicida. No obstante que el Estado mexicano mantiene una política punitiva y moralista progresiva, también existe una resistencia social invisible y muy popular.

De todas formas la sociedad vive en el fin de siglo la invasión de los paraísos artificiales que tendrá como protagonistas a los del Ángel del hogar y a la minoría de poetas modernistas. Los cónclaves de grifos seguirán siendo lugares solo para las clases bajas.

Esta popularidad se dará a través de la nota roja ya en los albores del siglo XX, en plena Pax de los sepulcros, el lado oscuro de la modernidad porfirista, que produjo 10 mil prostitutas y 60 mil presos. El periódico El Imparcial informa de la detención de una Banda de grifos que distribuían los cigarros Rateros. La nota informativa no tiene firma por temor a represalias de los fabricantes de cigarros. Estos eran muy populares en los tiempos de Juárez, los cigarros Grimault se anunciaban en el Diario Oficial.

Estos son desde nuestra situación narcotraficantes, no marihuanos, porque son los distribuidores de cigarrillos fabricados industrialmente. Quien cambiará el sentido de la atención en los consumidores será el poeta modernista José Juan Tablada, en su artículo «Las misas negras de la marihuana» (23 de julio de 1908). Señala que el consumo de marihuana es propio de los «clubes de rufianes», como ya lo había escrito Lizardi un siglo antes en 1816. Tablada descubre a la sociedad de forma sensacionalista por primera vez ese mundo misterioso, peligroso y desconocido del consumo grupal de la marihuana.

Los cónclaves de grifos como forma de sociabilidad se distinguen de otras formas de diversión social.

Es importante, porque se ve con la regulación de las costumbres el uso del tiempo libre, el cuidado de la salud en la sociedad decimonónica, lo que está permitido y las diversas prohibiciones. El cónclave de los grifos se diferenciara enorme y claramente de diversas formas de sociabilidad normal que también existían como los cafés, las pulquerías, veladas literarias que realizaban cada grupo o generación de escritores, las tardeadas, las faunalias (orgías), y otras con horario nocturno como el bar, de reciente llegada a México y la casa de citas, que inician a las 12 de la noche.

El horario extremo y los lugares peligrosos, colocan al cónclave de grifos como un escenario de la geografía de lo prohibido. Nada más para ver la diferencia en horarios, la pulquería cierra a las 6, la cantina a las 10 y el bar a las 12, cuando abrían sus puertas, decíamos arriba, los templos venales.

El cónclave de grifos aparecerá como una forma colectiva de consumo aunque con carácter clandestino e ilegal, «vicio social», (Reyes), «fraternidad asociativa» (Tablada) lugares adecuados de culto con templos, altares de veneración y rito de iniciación, creencias y jerarquías, sacerdotes, creyentes e iniciados, cantos diabólicos.

5.- RITUAL SECRETO DEL CONSUMO DE MARIHUANA

Tablada da por primera vez la anatomía de todo el ritual de consumo de marihuana: tiempo, lugares, lenguaje, fases de consumo y los resultados de toda esta práctica marginal e invisible para el resto de la sociedad.

Asistir por la noche, al amparo de la oscuridad y evadiendo a la policía para asistir a un templo, con un altar dedicado al culto de la marihuana, bajo la asistencia de un mentor (consejero, decano, maestro) para que adiestre a los principiantes en el rito misterioso, abyecto, de la marihuana. Todos los asistentes se sientan en círculo y proceden a preparar los cigarros que demandan algunas habilidades y cada uno le «da tres» fumadas para después pasarlo a otro compañero, consumir dulces para hacer más placentero los primeros efectos estimulantes, hiper-sensibilidad de los sentidos, detención del tiempo, sequedad en la boca; hacer distintos cantos, caer en ataques de risa sin motivo alguno o ya en el caso de los presos y soldados, en la violencia.

Todos estos rasgos serán repetidos por la mayoría de los autores consultados como Federico Gamboa, José Juan Tablada, Porfirio Barba Jacob, Jacobo Dalevuelta, Rubén M. Campos y con las mismas cancioncillas que ellos a veces llaman cantos demoníacos. De boca a boca, de mano en mano y de novela en novela los cónclaves de grifos tienen existencia marginal. Una forma de sociabilidad informal de larga duración, un discurso oscuro, anti-hegemónico, de resistencia cultural.

En tiempos revolucionarios serán los cónclaves de grifos, ya dirigidos por escritores en el Palacio de la Nunciatura con el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, quien fue llamado «Pontífice de la inefable hierba» por la promoción constante del culto verde.

De las sesiones en la Nunciatura han escrito Alfonso Reyes, José Alvarado y Fernando Vallejo. Pero que repiten en esencia los pasos básicos del ritual del consumo grupal.

Esta tradiciones era constatada por los cónclaves en los ex conventos y vecindades, como lo comprueban Eugenio Maillefert o el periodista austríaco Victor Reko. En los años 20 la marihuana es muy popular más que las prohibiciones pos-revolucionarias.

Todavía se constata hasta el nacionalismo revolucionario con un Cannabis Club en los años 30, la novela arrabalera describe el paisaje urbano excluyente, la estética de la marginación, donde están los cónclaves de grifos en el México moderno de mediados de siglo.

La Camada maldita nos describe como en los años 1970 los jóvenes fumaban clandestinamente la marihuana siguiendo los pasos del ritual del cónclave de grifos de hace un siglo atrás.

Y en el siglo XXI el consumo grupal se presenta en la Plaza Cannábica, donde el toque no se esconde desde 2012-2016, con más de medio centenar de asambleas públicas informativas y de visibilización digna de los consumidores de cannabis organizadas por Marihuana Liberación, Tom Hash Mafia, la Gaceta Cannábica, Eterno Femenino Ediciones.

Son sesiones colectivas de consumo ya alejadas del ambiente clandestino, la atracción por lo prohibido o lo ilegal… esto nos hace pensar que las prohibiciones son relativas.

* * *

El presente texto fue expuesto en el III Congreso de Filosofía de las Drogas en la UNAM.

____________

* Juan Pablo García Vallejo estudió sociología en la ENEP ACATLAN e historia de las religiones en el ITAM. En 1983 funda la revista contracultural La Guillotina, en1985 escribe el Primer Manifiesto Pacheco. Articulista del periódico Acontecer, coordinador del suplemento cultural La tinta suelta. Premio Nacional de Prevención en VIH/SIDA (1993), Mención Honorífica en el Premio Nacional de Periodismo Cultural Regional en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 1998. Premio Nacional de Periodismo Cultural del Club de Periodistas de México Filomeno Mata en 2009. Director de la Gaceta Cannábica y de gacetacannabica.blogspot.com Autor del libro La sociedad gandalla: de la utopía a la distopía, Ediciones Casa Vieja, 2001. Efemérides de Ecatepec, Municipio de Ecatepec, 2009. La disipada historia de la marihuana en México: 1492-2010, Eterno Femenino Ediciones, Disidencia psicoactiva Movimiento Cannábico Mexicano 2000-2012, Antología de Manifiestos Cannábicos, La Invención de la Marihuana, El marihuano en la marihuana en la narrativa mexicana del siglo XX, 2015, «Las redes sociales en el debate de la marihuana en la ilustración mexicana (1772–1773).Del gabinete y la tertulia al periódico y la censura oficial», 2017, y «La marihuana en la Republica de las Letras. Línea del Tiempo».

 

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  2. me gustaria recibir mas notificaciones de ustedes por favor.
    y tener algún numero de contacto-
    GRACIAS
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