TENGO
Por Haruki Murakami*
Antes de que se cierre la salida.
Después de cenar yakiniku, los cuatro habían ido a cantar a un bar con karaoke donde vaciaron una botella de whisky. Eran casi las diez de la noche cuando dieron por terminada su fiesta, modesta pero animada. Cuando salieron del local, Tengo acompañó a Adachi hasta el edificio en que vivía. La parada del autobús que llevaba a la estación se encontraba cerca del edificio, y las otras dos enfermeras lo habían empujado discretamente a que acompañara a Adachi. Los dos caminaron por las calles desiertas, uno al lado del otro, durante unos quince minutos.






































