Editorial 72

Se dice que de entre todos los sistemas de gobierno el menos malo es el democrático. ¿Por qué? Pues porque, al parecer, es el que menos injusticia comporta. ¿Qué lo prueba? ¡Vaya uno a saber! Quizás que, a diferencia de otros, ese sí ha probado poder propiciar las condiciones que permiten a los ciudadanos llegar a realizarse como personas.

Ahora bien, si le preguntáramos a Aristóteles él nos diría que eso que hoy llamamos Democracia es, en realidad, y según su taxonomía, una Aristocracia en el mejor de los casos, y una Oligarquía en los más. ¿Por qué? Porque en un sistema democrático todos los ciudadanos tienen poder (i.e. funciones legislativas, ejecutivas y judiciales). ¿Yo, ciudadano de a pie, puedo juzgar y asignar penas? No. ¿Yo, ciudadano común y silvestre, puedo promulgar leyes? No. ¿Yo, ciudadano prosaico, puedo decidir los movimientos del ejército? No. Y es que la democracia, como la entendían los antiguos, era directa, cada ciudadano sí podía hacer esas cosas que nosotros no. En el caso hodierno, se dice que es representativa porque todas esas funciones las delegamos mediante el voto. Por su parte, en una Aristocracia, según la famosa clasificación de la Política de Aristóteles, el poder reside en algunos (muy parecido al caso actual). Por eso afirmo que nuestros sistemas no son realmente democráticos —ni de forma ni de fondo—. No es que crea que la democracia es mejor o peor que otro sistema, porque no se trata de cuál es mejor, sino de cuál es más conveniente a cada nación.

Si el mal es la injusticia generada por la corrupción, ¿cuál es la variable que debemos suprimir? La causa de la corrupción es la concentración del poder, la falta de control y la consecuente impunidad.

Muchas veces me pregunto cómo Roma en sus mejores tiempos, siendo un imperio con una enorme burocracia tenía tan pocos índices de corrupción (o al menos eso creemos hasta hoy). Una posible explicación es que, además de un fuerte sentido del deber interiorizado por todos los agentes del imperio, había sencillez en las leyes (se legislaba lo necesario), se aplicaban castigos severos y había control social constante. Esos elementos los incluyó Tomás Moro en su famosa Utopía, la misma en la que no había propiedad privada, cosa extraña a menos que se quiera evitar la infamante corrupción de las cosas mejores.

Volviendo al problema, ¿por qué alguien quisiera concentrar en sí el poder? Porque quiere su interés particular. Retomando a nuestro sabio griego, eso es lo que lleva a la decadencia del Estado. Entonces, ¿por qué no eliminar la posibilidad de los intereses particulares?

Al respecto se me ocurre una solución tan atrevida como revolucionaria: Eliminar el voto.

¿Qué tal si en vez de elecciones hubiera rifa por sorteo de los cargos públicos? Hacer campaña no tendría sentido. Comprar votos o engañar con promesas, menos. Todos los ciudadanos estarían obligados a entender y conocer las leyes, porque a cualquiera le puede tocar. Los elegidos sólo tendrían que hacer lo que tienen que hacer: Cumplir la Constitución. Y, de no hacerlo, pagarlo con su vida, honra o bienes.

Se que eso tiene sus peros, que son muchos, y que no es lo mismo ser gobernante de una polis de diez mil habitantes que de un país de cincuenta millones. Pero esa propuesta nos da una pista muy valiosa: El secreto de un país libre, en paz, sin corrupción y próspero radica en que los ciudadanos de verdad conozcan las leyes que los hacen soberanos.

Los editores.

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Comments 4

  1. Conocí un loco (loco lindo de alma y sentimientos, según él) y el cual habitaba en un bosque casi famoso de la Pampa Húmeda, y quien afirmaba que dos de los mayores poemas que había conocido y disfrutado eran los dos primeros relatos-ensayos del libro “El Verano-Bodas”, del africano Albert Camus.

    —“Ellos, Los almendros, y Prometeo en los infiernos, fueron mi pronto auxilio en las tribulaciones -me gritó desde el otro lado del sembradío de soja lindero a su bosque-; cuando estaba angustiado y deprimido -continuó- el sólo leerlos mi espíritu revivía; aquellos relatos sacrosantos fueron mi sostén y mi guía. Los poemas -prosiguió ya exultante y como mirando al Olimpo, o al Chimborazo- que alcanzan las cúspides supremas son los buenos ensayos!”,
    enfatizó triunfante, por las dudas no le hubiese comprendido yo el mensaje sobre líneas.

    Sin embargo, no nos sorprendamos si alguno de sus feroces detractores juzga estas aseveraciones como de los clásicos disparates conque suele atormentarnos de tanto en tanto el habitante bonaerense y pampeano.

  2. He leído el Editorial 63 y me ha llenado de mucha emoción que haya gente que piense y critique el “establishment”, la burocracia. Lo “políticamente correcto”; qué se debe hablar en público y callar todo aquello que atenta contra las nuevas corrientes del pensamiento. Se alientan propuestas destructivas para nuestra generacion y la posteridad.

    Este es el mal del siglo XXI, en el que las falsas posiciones y la constante desinformación son peores todos los días para aniquilar nuestra cultura. Donde se nos obliga a ser cómplices del disparate, aceptar la violencia, la degeneración del lenguaje en aras de los tiempos que vivimos. Entoces “Estamos todos con el estado”

    Se nos señala por lo que decimos abiertamente; entonces somos enemigos “contra el estado”, somos tildados de “terroristas” Sí vociferamos contra lo que se tergiversa corremos el riesgo de ser encadenados.

    El reino de las artes ha perdido su valor. Ahora funciona el reino de las “divas y los talentosos” Personajes carentes de diálogo; un niño de dos años se expresa mejor. Ganan millones y se les llaman artistas, deportistas, periodistas, escritores, y estan en la páginas de periódicos y televisiones todos los días, ellos son nuestros pilares, nuestros héroes, nuestos modelos de inspiración.

    Las humanidades han decaído, está en las puertas de infierno, se aplaude a la mediocridad, a las falsas editoriales que publican y desempeñan una labor de ocultamiento para desinformación e ignorancia de nuestros jóvenes.

    Gracias a ustedes que se atreven a cuestionar todo este tinglado de enredos podemos cuestionar sus plantamientos. El silencio sólo conlleva a estar con el estado que es el mayor responsable de todo.

    Saludos y felicitaciones por su trabajo responsable con las artes.

    Mis respetos

    Luz E. Macias

    Escritora/Bibliotecaria/Promotora Cultural

  3. Rehex – Art .
    Felicidades para el joben Hernandez Anguiano ,Excelente trabajo !Aguascalientes,mx Edicion 54

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