Editorial – Edición 12

Hace un año empezó un sueño. Hace un año comenzó a volar Cronopio

Queremos invitarlos a leer esta edición especial y aprovechar nuestro cumpleaños para hacer una reflexión entorno a la pobreza que aqueja a nuestro país y buena parte del globo terráqueo.

Queremos traer a colación un texto recomendable de Paul Collier.

Hijo de un simple y un humilde carnicero, Paul Collier –en medio de un esfuerzo admirable-fue escalando posiciones hasta llegar a ocupar los cargos más importantes en la facultad de Economía de la Universidad de Oxford. Fue asimismo una pieza visible en el Banco Mundial y es un reconocido asesor económico del gobierno británico. Economista en organismos internacionales, fue asesor permanente de los países africanos durante más de 30 años.

Su trabajo consistía en la labor de un médico que por medio de su diagnóstico esbozaba a través de un recetario, las formulas para que el continente negro escapara de la miseria y por ende rescatar de la inopia a sus empobrecidos habitantes. Más o menos esa es la intención del “Club de la miseria”, texto escrito por Collier en el 2007 que cuentan con el soporte de una buena investigación en compañía de grandes expertos y que busca encontrar soluciones reales (desde un punto de vista económico y político) a 1.000 millones de personas paupérrimas que habitan los 58 países más empobrecidos de la tierra y que equivalen a la quinta parte del mundo. Algunas de estas naciones perdieron el rumbo y llevan décadas estancados. Están al garete, fuera de órbita- poseen rentas bajas, son Estados fallidos, cuentan con crecimientos económicos lamentables, sufren éxodos, padecen los problemas desatados por la poca inversión de capitales extranjeros, las fugas de capitales y de cerebros- y no se han montado en el tren del los países en vía de desarrollo que año tras año mejoran su situación.

No obstante, es obvio que el autor escribió el texto antes de la nefasta crisis económica actual que empobreció a un número significativo de estos países gobernados por líderes asesinos y corruptos o por héroes reformistas que asumen el reto de gobernarlos. Más aún, en su amplia trayectoria en África, Collier fue un estudioso de los conflictos internos y de las guerras civiles que en muchos casos están supeditados a fenómenos económicos y que en realidad es una situación recurrente en muchos de estos países empobrecidos. El autor entonces se pregunta si los problemas económicos llevarían a una nación a la guerra, a la rebelión, a la conformación de grupos guerrilleros deseosos de tomarse el poder central.  Todos estos factores inciden profundamente en la consecución de una guerra civil y en conflictos internos como el colombiano.

Acto seguido, analiza algunas variantes que podrían desencadenar este tipo de conflictos y también diserta sobre su naturaleza (conflictos de alta duración, con masacres incluidas y a los que es difícil encontrar solución). Algunos pueblos legan a soluciones salomónicas en el posconflicto, otros en ese contexto, sucumben con facilidad y se desmoronan tal cual sucedió en Somalia y Ruanda ¿Son los países pobres y ricos y dependientes de los recursos naturales, proclives a la guerra y están encaminados a un inminente empobrecimiento? Es obvio que si y su penosa situación es aprovechada por pintorescos dictadores y gobiernos corruptos.  Asimismo, el autor deja al margen y sin relación con este tipo de conflictos a las represiones militares contra los civiles, las minorías reprimidas, los odios étnicos, los pasados coloniales y los agravios.

Por otro lado, Collier analiza un asunto denominado “el mal holandés”. Sucede cundo los países son dependientes de los recursos naturales y el dinero proveniente de ellos paraliza las exportaciones de otros productos que podrían ser relevantes para la economía. En su estudio, también contempla que los países sin litoral –tipo Bolivia y Paraguay- cuentan con graves problemas para comercializar y exportar sus productos: la solución radica en contar con buenos vecinos (potentes en lo económico) y construir una buena infraestructura (carreteras) que le permita estar conectado con sus vecinos que cuentan con costas, aunque no es un secreto que sean dependientes de éstos. Por ultimo hace un llamado a la mesura en el gasto público, a las buenas políticas que derroten a la corrupción y a la óptima transferencia de recursos (el caso de Chad lo dice todo).

Por último incluye algunos correctivos, recetas y soluciones para tender en cuenta: una ayuda más eficaz en términos económicos del G8, una reformulación de la manera como participan los países pobres en la Organización Mundial del Comercio (OMC); invita a una participación ética y razonable de las ONGs y propone modelos de convergencia e integración. En buena medida, se necesitarán 59 años para que un Estado deje el rótulo de “fallido” y salga a flote; no obstante en opinión del autor, no es una cuestión imposible.  ¿Cómo podemos tomar los colombianos las palabras de Collier? Somos un país en vía de desarrollo, tenemos un sector empresarial dinámico y podemos distinguir –después de las experiencias vividas- las trampas que nos alejen del club de la miseria.

Querido amigos. Disfruten de ésta edición especial con 27 escritores reconocidos.

Cuenten siempre en su casa, queridos cronopios.

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