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Literatura Cronopio

Escombros

ESCOMBROS, PEDAZOS DE CIELO BENDITO

Por Ihovan Pineda*

«Cuando A se despertó a media mañana en una cama en la que no se había acostado, junto al cuerpo desnudo de la esposa de B, su mejor amigo, llamó de inmediato a su propia casa. Se sorprendió ligeramente cuando B le respondió al teléfono y le dijo que no se preocupara por la tardanza: su mujer todavía estaba durmiendo».

Después de sendas lecturas sobre la minificción y de varias minificciones, de varios autores (Fernando Aínsa, Juan A. Epple, Fernando Iwasaki, Andrés Neuman, Guillermo Samperio, Ana María Shua, Luis Britto García, Julio Ramón Ribeyro, Luisa Valenzuela y Alberto Chimal) inicio mi comentario pegando arriba la minificción titulada «Cambio de identidad» de Fernando Aínsa, por considerarlo un texto que cumple a cabalidad con los requisitos para ser un microrrelato (sinónimo de minificción), es decir: su tono es lúdico, no rebasa las 200 palabras, no se desgasta en los rasgos de los personajes (porque en la minificción no hay tiempo para ello),la acción es única y su final es fulminante; además hay algo de poético en esa desgracia.

Así pues, siguiendo los postulados de Dolores M. Koch, en sus «Diez recursos para lograr la brevedad en el micro–relato», esta minificción utiliza personajes ya conocidos, es decir, todos conocemos a A y todos conocemos a B (o a la A y a la B), por lo que el autor no tiene por qué describirlos y con esto se ahorra tiempo y por ende, espacio. Así mismo, Aínsa hace uso de la elipsis, pues se logra mayor brevedad si no se dice todo, y entonces le corresponde al lector hacer su interpretación y completar la historia, como sucede con el final abierto de este microrrelato.

Por otra parte, este breve (brevísimo) texto de Aínsa también resulta ser un relámpago, como bien lo anota Marcial Fernández en su «Decálogo» sobre el cuento breve, con quien Aínsa comulga al saber que en la minificción lo que no se dice siempre es más importante que lo que se dice, como sucede en esta minificción «Cambio de identidad», y es que en este corto, muy corto texto no sólo se oculta algo, sino que se descubre algo, como se descubren los duendes, dice Marcial Fernández.

Y es que en esta minificción, la mitad de ella es el título y su knock out es mortal. En una instantaneidad surge todo, diría Raúl Renán; además de que desde sus líneas iniciales atrapa la atención del lector. Y éste bien podría ser un hipertexto, como lo indica Zavalaiv, ya que requiere de una lectura interactiva y fragmentaria, y por la necesidad de que los lectores efectúen un trabajo activo para terminar de construir el texto.

Debemos de aceptar que por la continuidad de su escritura y por la frecuente publicación que de minificciones existen ya en Hispanoamérica, éste ya no es un subgénero, es ya un género literario en sí mismo, cuya característica más evidente son los artificios de la brevedad (Perucho, 2006; 14), y que por su economía verbal, esta forma de literatura no admite saldos negativos, ni intentos de otra cosa.

Por último, rescato también (a mi gusto personal y no son caprichos), los textos de Luis Britto García, sobre todo ese de «La neurororschatitis», los «Dichos de Luder» de Julio Ramón Ribeyro y «Silencia» de Guillermo Samperio, estos por cumplir de una o de otra forma con las características de la minificción señaladas en este texto. Así pues, aunque las minificciones parezcan escombros de otros textos, fragmentos caídos del cielo bendito, son al fin y al cabo pedazos de un todo, y por eso como dijo aquél: cuando doy un pedazo lo doy entero.

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*Ihovan Pineda. Licenciado en Letras y Periodismo por la Universidad de Colima (México), y estudiante de la Maestría en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado poemas, artículos, cuentos y ensayos en los suplementos culturales Cartapacios, Agora, Andante, Destellos, Extensión y Equidad, y en las revistas Tragaluz, Remolinos, Predicado, Casa del Tiempo de la UAM, Trafalgar y Géneros, y en las revistas de poesía en línea Círculo de Poesía y Revista La Otra de la UNAM. Algunos de sus poemas han sido antologados en los libros «En Memoria del Terremoto» publicado por la Universidad de Colima, y «Anuario de Poesía Mexicana 2004» editado por el Fondo de Cultura Económica. Autor del prólogo del libro «Greguerías, de la A la Zeta» del escritor colimense Alberto Llanes y de «Experimentales 5: modernidad, cuentos y poemas», de la Universidad de Colima. Es autor de los poemarios «Estarnos queriendo y pasado mañana» y «De cómo las cosas han cambiado». Actualmente es director del taller de poesía «Una rendija en la memoria» auspiciado por la Secretaría de Cultura de Colima.

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