Gran Ojo Cronopio

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ZOOLÓGICO NAZI: THE ZOOKEEPER’S WIFE

«Los que vivís seguros En vuestras casas caldeadas Los que os encontráis, al volver por la tarde, La comida caliente y los rostros amigos: Considerad si es un hombre Quien trabaja en el fango Quien no conoce la paz Quien lucha por la mitad de un panecillo Quien muere por un sí o por un no».
(Primo Levi)

Por John Harold Giraldo Herrera*

Cuando uno cree haber visto suficiente sobre ese hecho tan memorable como lo fue el Holocausto perpetrado por los nazis, llega un relato, que de inmediato, vuelve a la carga con algo sin igual. Ya esa barbarie es algo inimaginable, sin embargo, en medio de tal crueldad, algún resquicio se permite, para dar una media luz. Primo Levi, ese poeta sobreviviente, se pregunta Si esto es un hombre, y lo hace, porque a partir de cualquier síntoma de violencia contra otro semejante, deberíamos como menos, reaccionar y alterar nuestra existencia. Habría que trasladar su pregunta e inquietarnos con ¿Qué es un animal para un fascista?

El hecho es que, la película The Zookeeper’s Wife, cuya trama tiene lugar en Polonia, donde varios crímenes se cometieron, esta vez nos deja presenciar el proyecto criminal en las entrañas de un zoológico, donde sus propietarios, no tuvieron más opción que la de volcar su amor por los animales, hacia los otros secuestrados en guetos.

Algo sucede en nosotros, cuando sabemos que un animal es víctima de esas manos y mentes. Un escozor nos recorre, es la vida también, diversa, natural, animal, en peligro, de la cual no tienen la más mínima prudencia. Si usted, de casualidad, se sacudió con películas como En la oscuridad (2011), donde intentan seguir respirando un grupo de judíos en los túneles de las alcantarillas, o se conmovió hasta el llanto con El hijo de Saúl (2015), al ver cómo un hombre decide adoptar el cadáver de un niño. O se estremeció con la estética de Bastardos sin gloria (2009) y su propuesta de contar sus hechos. O no tuvo como despegarse de sí, cuando desde ese clásico, tuvo la oportunidad de “asimilar” la vida de unos niños nazis que se atrincheran en un puente (1959) para defenderlo.

Con The Zookeeper’s Wife, su sensibilidad aflora, con el hecho de conocer el riesgo de vivir en un bello zoológico. Esto hace florecer sonrisas: fue un campo de afectos, amor y luego un territorio de muerte, con un soplo de vida.

No hay cansancio en algunos judíos, ni siquiera sentimos saturación, por su deber de memoria. No sabría calcular el número de películas, e historias para mantener en nuestro recuerdo las huellas de ese proceso macabro de los nazis. Lo claro es que han sido del todo ingeniosos y creativos para remover nuestras emociones. Seguro tanta producción, no ha dejado de generar repercusiones. No olvidamos, pero las masacres no cesan, tampoco ha parado el exterminio, ni menos, esa selectiva situación de considerarse superiores sobre otros. Lo que sucede, con la narración del zoológico, es focalizar el ojo en un hecho fatídico: también los animales pudieron ser arrasados y otros, por su fuerza y simbolismo, ser los portaestandartes de esos hombres descuartizadores de la humanidad.

Si bien, la película toma de base un bello libro de una escritora recursiva: Diane Ackerman (también escribió Una historia natural de los sentidos en 1992). Es una adaptación con aspectos de mucha verosimilitud. El realismo logra llevarnos a un rincón para dejarnos aislados o sucumbir ante la crueldad. Sin embargo, la sutileza (sin dejar a un lado la desdicha y desidia) con la que se narra, nos lleva hasta poder contagiarnos de un halito de esperanza. Además, y el otro polo de las películas, es la capacidad de sobreponerse de los individuos.

Sí, puede existir una luz, derruida, sin mayores trepidaciones, pero que ilumina. Escala a paso de tortuga, y unos individuos logran colocar una gota de frescura en medio de tanta resequedad. Si los nazis actuaron con toda ferocidad y su idea fue la de arrasar (haciendo ciencia, hechizos, colocando su pensamiento y dominio en ese crimen que duró más de trece años), la de los judíos y quienes estuvieron en la mira de ser borrados de la faz de la tierra, es la de sostenerse. Les asistió la resistencia para sobrevivir y no dejarse apabullar. Un ser humano puede estar cayendo al abismo y no tener escapatoria en la caída. No obstante, si cuenta con un grado de querer seguir viviendo, quizás lo logre. Tal es el caso de quienes vencen el temor, el abandono y la presión de esos bastardos asesinos. Los animales, ellos, no tienen el modo de volver de donde fueron tirados.

Una película, que seguro y sin mayores hechos para abusar de la porno-miseria humana, se convierte en otro fenómeno del deber de memoria, tan proclamado y reivindicado por algunos judíos, quienes han hecho la tarea de impedir que olvidemos.

Ficha técnica

País, director, duración Estados Unidos,
Director Niki Caro
Guion Angela Workman (Novela: Diane Ackerman)
Música Harry Gregson-Williams
Fotografía Andrij Parekh
Actores Jessica ChastainDaniel BruhlJohan HeldenberghIddo Goldberg,Michael McElhattonGoran KosticAnna RustVal MalokuMarian Mitas,Shira HaasSlavko SobinDaniel SidonDaniel Ratimorský
Productora Scion Films / Czech Anglo Productions / LD Entertainment
Género Drama | II Guerra MundialBasado en hechos reales

* * *

El Gran Ojo Cronopio es una columna de cine y literatura de Revista Cronopio, escrita por John Harold Giraldo Herrera.

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* John Harold Giraldo Herrera es docente Universitario y Periodista. Estudiante del Doctorado Rud de Colombia en Educación, Universidad Tecnológica de Pereira. Uno de sus temas de interés es el estudio de Los pueblos originarios. Magíster en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira, 2011. Licenciado en Español y comunicación Audiovisual de la UTP, 2004. Con estudios de diplomado en Narrativas audiovisuales, Fundación Universitaria Área Andina, 2003. Democracia y formación ciudadana con énfasis en Derechos Humanos, paz y cultura de resolución pacífica de conflictos para el sector educativo. Universidad Católica Popular del Risaralda, 2004. Periodismo público, Escuela Superior de Administración Pública, 2008.
Correo-e: john.giraldo.herrera@gmail.com

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