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El triunfo de la muerte

EL TRIUNFO DE LA MUERTE

Por Carlos Colla*

¿Dónde estoy? ¿Qué queda de ahora en más? Hacerme preguntas, lo único. ¿Qué día es? ¿Cuándo ocurrió esto? ¿Por qué? ¿Importa? Quizás algún día vuelva al mundo, a la luz, a ella, y a esa otra también. Fotografías muertas surgen en los sueños. Pienso, solo eso; y sueño, también, pesadillas. Es algo. Cuando no están ellos todo es ilusión, vacío; debo ser un bodhisatva, el centro del mandala, Avalokitésvara. Pero ellos. Esa voz al otro lado de la pared, y los señores me devuelven a una realidad que se escucha o se siente en cada centímetro cuadrado de dolor sobre mi cuerpo. El sufrimiento es real, ¿cómo creer que todo es vacío cuando un dolor inconcebible quema una parte de tu cuerpo? Salvo que el nirvana sea el infierno, una ola permanente de dolor.

Una vez leí. Debí haber sido bibliotecario. No sé exactamente quién soy, pero recuerdo con exactitud frases o párrafos enteros de libros que leí o inventé. Hui Neng dice: «en nuestra propia naturaleza esencial no existe básicamente ni una sola cosa que se pueda asir». En esta oscuridad, donde no puedo tocar nada con mis manos, salvo el piso frío, comprendí el significado de esa frase sabia. Consuelo de tontos, me dijo la voz. No es así. ¿Qué puede tener una persona realmente? Nada. Tu tesoro más preciado se puede romper, destruir, te lo pueden robar o simplemente desaparecer, sí, así como si nada. ¡Fuf! Recuerdo eso también: las cosas se dan vuelta, se van de este universo y surgen en otro.

Cuando les dije que no me acordaba de quién era porque era probable que me hubiese dado vuelta de otro mundo, hundieron el tubo que me habían introducido en el culo hasta el corazón y ¡blam!, ¡un shock de buda eléctrico hasta que se te salgan los ojos de las órbitas! A los señores no les gusta cuando menciono a Buda o a Jesús. ¡Basta de esa mierda! ¿Cómo empezó todo esto? Paso a paso, dolor tras dolor, los recuerdos volverán como por arte de magia. No sé qué decir, cada cosa que digo les molesta, piensan que me burlo de ellos. Menos mal que no puedo hacer nada en esta oscuridad. Un tabique permanente en los ojos. ¡No se toque el tabique! La primera vez que lo hice me surtieron a trompadas y patadas. Preguntan por los hechos y los nombres. No sé nada de eso. Los hechos desaparecieron y los nombres que sé, les molestan. Frases y pinturas, nada más.

A pesar de que no sé las respuestas me obligan a hablar. Uno de ellos aseguró que mi mente funciona tan lógica como una función de matemáticas. ¡Blum! Un dedo menos. Otro en el culo, vamos, como en esa pintura, vas a hablar por el culo y a cagar por la boca. A veces no siento ninguna parte de mi cuerpo. Solo pensamiento. Mis ojos no ven, no tengo boca, me arrancaron las piernas y me quemaron el corazón. Sigo pensando, un cordón desprendido de la gran conciencia cósmica de Amithaba. Tampoco les gustó ese nombre. ¿Para qué sirven los pezones en los hombres? No dan leche, que ella se los muerda bien fuerte, que se los arranque y se los trague. ¡Fggsssfgggsss! A la mierda con ellos. Me obligan a pensar y a recordar. El dolor me va a curar, ya voy a ver. ¿Por qué no prenderán alguna luz de una puta vez? Estaré ciego. Pero no, cuando me vienen a buscar, un resplandor débil. ¡Flash!

Es idea tuya, aquí no hay luces.

Si quiero salir tengo que pensar, buscar las respuestas en el poco cerebro que me queda. ¿Quiero salir? ¿A dónde? ¿Para qué? Vacío e ilusión, solo eso. Sí. Sí es algo. Mejor no.

Solo en la oscuridad. ¿Qué más puedo decir? Los señores no me creen cuando les digo que no me acuerdo cómo llegué aquí. Vamos, si te cagaste hasta las patas. De repente la noche. ¡Pum! Así fue. Nombres, siempre piden nombres. Parece que olvidé todas las cosas importantes y retuve las intrascendentes. Conozco la vida de las pinturas de artistas que aquí no conocen ni importan. Atravesaron centurias, como los árboles, pasaron de mano en mano y algunas desaparecieron o fueron enterradas. Como yo. Esto debe ser un sótano. Cuando me llevan, bajo y subo escaleras. ¿O no? A veces es llano. El piso siempre frío y húmedo. Gotas, siempre gotas. ¿Dónde viven los recuerdos? ¿De qué están compuestos? ¿Qué son? La prueba de nuestra vida no existe o, en el mejor de los casos, es engañosa. ¿Cuál toca? Pareja de monos. Ventana de un calabozo de piedras, como este, el mío, que no tiene ventanas. Qué suerte la de los monos. Un puerto, pájaros volando en un cielo color vainilla. ¿Existe este color? Debería saberlo, estudié arte, ¿o no? Poder ver el mar. Dos monos encadenados con un grillete similar al mío. Alegoría del hombre. Necios, esclavos, artistas insanos, falsos dioses venidos a menos. Uno mira hacia el frente, el otro hacia abajo. Están mejor que yo, respiran el aire fresco, pueden ver el horizonte y comen frutos secos. Nueces. No la papilla asquerosa que sirven en este hotel de mala muerte. Me obligan a comenzar la vida otra vez.

Uno de los barcos lleva una cabeza humana, es indudable, y la proa parece compuesta por dos animales, perros o caballos, ¿unicornios? Perricornios. Una figura extraña. En ningún libro leí sobre esta cabeza. A todos se les pasó por alto. A mí no porque soy eso, una cabeza que flota a la deriva en un mar compuesto de excrementos. Obligado a pensar. Y a recordar… pinturas, muchas pinturas, campesinos, San Antonio y Apocalipsis, algunas personas sin nombres, poco más. El mono que te mira está loco.

¡Eh, psssttt!

Ahora no… duele.

¿Y, qué pasó?

Me duele mucho… ahí, en las pelotas.

Me imagino, otra vez la picana… les encanta, también en la pija, ¿no?

Sí, cables directo a la cabeza; quedó negra, viejo.

Te la van a filetear, ¿les dijiste algo?

Nada… qué les puedo decir si no sé nada.

Vas a tener que inventar algo, mi amigo, no van a parar.

Nunca fui bueno para inventar cosas, no tengo mucha imaginación.

Tenés que apoyarte en algo, las grandes mentiras se apoyan en pequeñas verdades.

Lo voy a tener en cuenta.

¿Qué querían saber?

Mi nombre.

¿Y qué les dijiste?

La verdad.

¿Cuál es la verdad?

Que no lo sé.

No te creyeron.

No, nunca me creen.

Tendrías que haber inventado uno.

Tampoco me hubieran creído.

¿Qué más te preguntaron?

Si conocía a un tal Aníbal…, Aníbal Testa.

¿Y?

Tampoco… no conozco a nadie… no… a nadie.

Vamos, no llores, es peor, les gusta verte así, reducido a nada.

No puedo, no sé qué hacer, ni qué decir.

Fuerza, ya se van a cansar, no aflojes.

Nunca se cansan, nunca; ayer soñé con una mujer.

¿Cómo se llamaba?

No sé, no le pregunté.

¿Estaba buena?

Sí, era muy linda.

Contame, eso me interesa, ¿tenía buen culo?

Siempre el mismo, no se lo vi.

Tetas… ¿eran grandes?

No sé, ni mucho ni poco, medianas.

Me gustan así, a la mano, limones.

Los limones son mariposas.

¿En serio?, no sabía, ¿qué tal son?

Amarillas.

Suena coherente, volvamos a tu amiga, ¿estaba desnuda?

¿Qué pregunta es esa?

La pregunta lógica, quiero imaginármela, hace mucho que no veo una mujer desnuda, describila, vamos, es una orden.

No sé.

¿Qué no sabés?

Si estaba desnuda.

Eso es imposible.

Era raro, su piel era un vestido.

Estás loco.

No estoy loco, el mono lo está.

¿Qué mono?

El mono que te mira.

Otra vez con tus pinturas, si yo fuera ellos, te echaría los cables a los ojos y te pondría los testículos en su lugar, dicen que encajan bien. Dios pensó en todo, son medidas áureas.

Ya lo hicieron, sí, en los ojos, los testículos, no los siento.

Se te deben haber caído, volvamos a tu amiga, tal vez vuelvan, ¿qué te acordás de ella?

Su pelo, era muy abundante, con rulos, muchos rulos, tapaban casi toda su cara.

Eso me gusta.

Sí, y crecía, su pelo no paraba de crecer, cubrió toda la habitación, tapó la luna y la noche y comenzó a envolver mi cabeza, me asfixiaba. De repente alguien la llamó por su nombre.

¿Cómo era?

Gusano.

Ese no es un nombre, es un insecto.

Así se llamaba, no tengo la culpa; aparte, el gusano no es un insecto.

¡Que no!, claro que es un insecto.

Los insectos tienen seis patas y los gusanos no tienen ninguna.

Qué tendrán que ver las patas, ¿y las arañas qué son?, tienen ocho patas, no seis.

Arácnidos, cualquiera sabe eso.

Gusano, nadie se llama así.

Ella sí.

¿Y qué pasó?

Me desperté sobresaltado, uno de los señores apretaba contra mi cara un trapo lleno de mierda.

No me digas.

Me había cagado encima.

No llores, vamos.

¿Cuánto tiempo habrá pasado? Ya entiendo, no debe pasar ninguno porque esta es la eternidad. No existe el tiempo en el infierno, presente continuo de dolor. Iama, Lucifer, Hades y Perséfone, Nefilim, Abadón, Samael y la Legión. Recuerdo infinidad de demonios, ninguna persona, el castigo por vivir obsesionado con la crueldad. No sé si tengo los ojos cerrados o abiertos. ¿Tendré ojos? Me aplicaron los cables, se quemaron. ¿Podré volver a llorar? Todo aquí causa dolor y tristeza. ¿Habré sido feliz alguna vez? Permanezco quieto porque no tengo nada que mover, debe ser la estabilidad del sufrimiento. ¿Dónde están los dedos? Ojalá pudiera apagar mis pensamientos con un simple interruptor.

Veamos un poco. ¿Qué ha ocurrido desde que aparecí aquí? Me pegaron hasta el agotamiento y me hicieron tomar agua, mucha agua, hasta reventar. Volvieron a pegarme y me encadenaron en esta celda. Me despertaron a las patadas y me picanearon en una especie de cruz de San Andrés. Comenzaron las preguntas, querían saber quién era, mi nombre en la organización. Ni idea. Me frieron las pelotas, la pija, el culo, los pies, la boca, los ojos, las orejas y las tetas. Se hace el idiota. Ya lo vamos a ablandar. Si tan solo supiera las respuestas. Y así siguió. Voces de hombres. De vez en cuando una mujer. Después trajeron a mi compañero. Tampoco sabe por qué está acá. Busco y rebusco pero solo encuentro las pinturas de ese loco demente del medioevo. ¿De dónde me habrán llegado? Estoy obligado a saber más de mí a pesar de que no me importe. ¿De qué me sirve en este infierno? Podría ser un millonario o un vagabundo, mago, maestro o pintor, ingeniero, médico, sacerdote o asesino a sueldo, da igual. Nada importa una vez cruzada la frontera de lo espeluznante. Después preguntaron por ese Aníbal y apareció esa mujer en mis sueños. Espero mucho de esa cara, tal vez sea la clave que destrabe esta situación inverosímil. Debo profundizar esa pista, hurgar en su rostro, dejarme matar por ella todas las noches. Aquí, donde podría ser feliz sin ser nadie, me obligan a encontrar una existencia, un sentido a esta locura. Si tan solo me dejaran tranquilo, sin nombre, sin nada por qué vivir, una planta a punto de morir, un cerebro vacío al que están por desconectar. ¿Qué más ha cambiado desde que estoy aquí? La tortura, eso cambia, cada vez citan a un dios nuevo del dolor. Una vez me curaron, me echaron alcohol con una manguera y vendaron mis heridas. Para torturarte más y mejor, para ayudarte a recordar, a que sepas quién sos. Soy el 233, no soy nadie. Soy la pesadilla de un infante afiebrado que me aniquila cuando despierta. 233.

Tenías razón.

¿Qué pasó?

Me dejaron tranquilo.

Vamos, no mientas, eso nunca pasa, ¿sabés cómo llega la esperanza al mundo?

Sí, cualquiera conoce el mito, esa zorra de Pandora nos cagó la existencia y nos condenó con la esperanza.

¿Y entonces?

¿Entonces qué?

¿Cómo podés pensar que van a dejarte tranquilo?, eso es una esperanza y acabamos de concluir que las esperanzas no existen, son un engaño, es vacío. Como siempre te encargás de repetir, la forma es vacío y el vacío es forma… toda esa mierda que acá no sirve de nada.

Sí sirve.

Como quieras.

Hice lo que me dijiste y me dejaron tranquilo, no lo soñé, tenía los ojos bien tabicados, pero no lo soñé.

¿Qué hiciste?

Querían saber quién puso la bomba en ya no me acuerdo dónde; les di un nombre.

¡Nooo!

Sí.

¡Cómo pudiste hacer eso!

Fue tu consejo y funcionó.

¡Acá nunca se dan nombres! te lo dije solo para consolarte, no para que lo aplicaras, ¡imbécil!, no parabas de llorar como una marica, en este lugar no se siguen los consejos, son traicioneros, solo hay reglas y una de ellas dice que no se deben seguir los consejos de nadie.

No creo que pase nada.

Sí va a pasar, acá siempre pasa algo ¿o todavía no lo aprendiste?

¿Qué va a pasar?

Ya te vas a enterar… vas a ser el primero, después nosotros.

Los engañé.

Eso es imposible.

Sí, les di un nombre que no existe.

¿Qué?, eso es lo segundo peor que pudiste haber hecho después de darles un puto nombre, va a pasar mucho cable hasta que las cosas se calmen un poco, ¡mierda, mierda, mierda!

***
Esta narración hace parte de su novela «El final del Cielo y de la Tierra», publicado por la Editorial Fundación Tierra de Promisión, Neiva, Huila, Colombia». Esta novela fue ganadora del premio Tierra de Promisión, otorgado por la fundación homónima, en 2016.

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* Carlos Colla nace en Buenos Aires en el año 1971. Es Ingeniero Industrial por la Universidad de Buenos Aires e investigador de historia y comparación de religiones. En el año 2001 gana el premio Juan Rulfo de cuentos (Premio Centro Cultural de México) de Radio Francia Internacional y en 2016 obtiene el premio en el concurso internacional de novela José Eustasio Rivera que otorga la Fundación Tierra de Promisión, Neiva, Colombia.

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