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Leonard cohen y la tradicion oculta

LEONARD COHEN Y LA TRADICIÓN OCULTA

Por Memo Ánjel*

(Todo en torno a un sombrero y a una guitarra, siendo la guitarra una mujer acariciada y el sombrero una boa que se ha tragado un conjunto de edificios) Empujé mi cuerpo de ciudad en ciudad, de tejado en tejado.Leonard Cohen

Hannah Arendt: Heine y el paria

Antes de que a los judíos europeos los obligaran a llevar una estrella amarilla, Hannah Arendt escribió un libro titulado La tradición oculta en el que trata de explicar qué es un paria y un hombre libre. Y, entre varios, toma a Heinrich Heine (el gran poeta judío-alemán) y al Schlemihl, el Señor del mundo de los sueños, muy usado por Marc Chagall en sus pinturas. Este Schlemihl, que vuela como un pájaro, se funde con los animales, toca el violín, juega entre las letras hebreas, lee libros antiguos en lenguas semitas y no para en ninguna parte, dio pie a Heine para sus canciones hebreas (Die Hebräische Melodien), en especial para su Prinzessin Sabbat, de la que dijo que cualquier judío del grupo Schlemihl piensa como un perro y, a la vez, vive como un príncipe, convirtiéndose en un señor absoluto del reino de los sueños, pues en lugar de atrapar lo que desea solo logra coronas de laurel. Y en este ir y venir, construye la epopeya urbana.


El perro, animal despreciado por el lenguaje (el mismo Maimónides prohibía tenerlos en casa), es andariego, cínico, se enfrenta a lo que es mayor que él y duerme en cualquier sitio porque su espacio está entre la tierra y el cielo. Y en esto de tierra y cielo (que es lo único que hay), el perro es príncipe (el primero de los ciudadanos) porque va por ahí y no se vende. Es libre y es artista y lo que pasa le tiene que pasar, así que todo lo aprovecha: el mar, lo que la gente cree, las relaciones que se dan y se rompen, el día y la noche, el tiempo y el no tiempo. Y en este juego de rupturas en el que despertamos y dormimos, pensar como un perro (viendo y oliendo para que lo percibido exista), es ser un Schlemihl, un señor de los sueños, siendo los sueños la primera y la última impresión de algo. Y como el perro piensa que debe caminar (viene del lobo y ahora es un animal urbano), estar aquí y allá, ahora y mañana, es un paria. “El paria es tan inocente y tan puro, es tan poco lo que quiere lograr en este mundo, que muchas glorias –que el mundo regala de vez en cuando incluso a sus criaturas más extraviadas- no es para él sino señal de su condición de Schlemihl (…) El sol que a todos  ilumina es en la existencia del paria el garante de la igualdad…[1]”. El paria es una persona libre de realidades sociales y políticas. Es un sospechoso esencial.

De Shoshani a Leonard Cohen

En la tradición judía-Schlemihl reciente (de la que Leonard Cohen ya hace parte), se habla de un tal Shoshani, talmudista y cabalista, matemático y geómetra, filósofo y viajero, sin origen conocido y sin clase social que lo determinara. Era todo y no era nada, un mundo que se creaba y deshacía, como el previo a este en que vivimos, según la cabalá. Shoshani fue el maestro de Lévinas (el filósofo del rostro como mío cuando me veo en el otro) y Eli Wiesel (el creador de la palabra Holocausto como exterminio). Todos los sabios judíos contemporáneos hablan de Shoshani, todos lo vieron y lo oyeron, pero ninguno supo dar una razón real y completa de él. Se dijo que era rico y a la vez pobre, sabio y al tiempo absurdo, capaz de hablar horas enteras sin parar y luego quedarse en silencio mirando a los ojos de una mujer. De sus palabras salían perlas y después desaparecía, dice Salomón Malca, su biógrafo, o mejor su seguidor de pistas, que biografíar a Shoshani fue algo como seguir al conde de Saint Germain, a Cagliostro o a Fulcanelli, personajes estos que fueron y no fueron y de los que solo hay palabras, memorias y olvidos, invenciones arameas y babilónicas, sueños abiertos y libertad.

Shoshani fue un paria, alguien del clan de los cínicos, un poeta, un místico, un hombre de pocas maletas y poseedor de un enorme gabán que se perdía con él en las luces de la noche. Y nunca se supo cómo murió, solo que está enterrado en el cementerio judío de Montevideo, sin que se especifique si dentro de esa tumba hay alguien. De Shoshani se dijo que decía: a los hombres del siglo veinte nos quieren meter en una realidad política. Venimos de una realidad religiosa y de D’s quieren que pasemos al líder, sin saber cuánto ganamos o perdemos con ese cambio. Sin saber, siempre sin saber. Y de este Shoshani, Leonard Cohen tomó el oficio de seguir, de caminar, de cantar y danzar, de ir de un tejado al otro, como el violinista aquel del que habla el talmud, que está en las bodas y en los inicios de la muerte. Y es que cuando todo se viene al suelo, solo emerge el que canta y baila.

Leonard Cohen y el sentido del paria

Leonard Cohen hizo parte de la tradición oculta. Era un Schlemihl, un señor del país de los sueños, un ser libre que cantó e hizo bailar para que dos se convirtieran en uno solo. Y, como pasa con los violinistas de Chagall, entró en el corazón de la gente que iba por las calles y miraba los parques haciéndose preguntas. ¿Hasta cuanto he de vivir? ¿Hasta cuanto he de morir? Y en esto de vivir y morir (que es el asunto del eros y el tanatos), ¿qué hacer o deshacer? ¿Dejarse vender? ¿Desobedecer? ¿Ir hasta el final del amor? ¿Vivir una vida secreta? ¿Suponer que el futuro es de asesinos y entonces hay que largarse? ¿Bailar un vals bajo la lluvia? ¿Mirar hacia atrás y no darle importancia a lo que pasó, pues ya pasó? ¿Dejarse seducir? ¿Preguntarse qué es lo que quieren decir cuando te dicen arrepiéntete? Preguntarse qué son los inicios de los poemas y las formas de la canción, el sentido de las caras en los bares al momento de amanecer, qué significa una puerta de entrada al metro o a dónde diablos se va la ciudad de cada día, qué es lo que quieren decir los que niegan la evidencia, son los elementos del paria y, responder, su libre condición. Y en esto es un cínico[2].

En Panfleto desde el país de los simios (libro para asustar creyentes escrito por Manuel Vázquez Montalbán), es claro lo que dijo Hölderlin: los dioses se han ido, nos queda el pan y el vino. Y si no hay pan ni vino, añade el autor del panfleto, hay televisión. Y frente a esta fragmentación de la realidad (el mundo como tele), aparece el paria de la tradición oculta (que también fue representado por Chaplin con su vagabundo en el cine mudo) y no se asusta, va por ahí sin venderse y sacándole partido a lo más pequeño (lo que contiene la realidad cercana), mirando con atención la información oficial para luego ir a desinformarse y así, libre de piedras que tirar, vuelve a la tierra y el cielo por lo que son y no por lo que quieren que sean. Y en esto, Leonard Cohen (Cohen traduce sacerdote), se hace paria con su pequeño sombrero y su guitarra, con un paquete de cigarrillos en el bolsillo para usar en caso de emergencia y una voz que da razón de lo que falta, que es creer en el orden zen, amar hasta volvernos uno y tener siempre pareja para no caer en la esquizofrenia.

Leonard Cohen nació en septiembre de 1934 (se iniciaba el otoño) y murió en 2016 (se iniciaba el invierno), así que estuvo 82 años pisando la tierra y con el cielo encima. Y en estas cantó, escribió poemas y novelas, y no sufrió del mal de Sandor Márai, que fue suicidarse cuando la vejez lo asustó. No, sus años de vejez los pasó enamorado, en su pequeño lugar, encendiendo un cigarrillo y bebiendo un café caliente. Y se murió quedando vivo, como su poeta preferido, Federico García Lorca.

[1] Hanna Arendt. La tradición oculta. Capítulo posterior al de la culpa organizada.

[2] Alguien del clan del perro, escuela filosófica fundaba por Diógenes.

_______

*  Memo Ánjel (José Guillermo Ánjel R.), Ph.D. en Filosofía, Comunicador social-periodista, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín-Colombia) y escritor. Libros traducidos al alemán: Das meschuggene Jahr, Das Fenster zum Meer, Geschichten vom Fenstersims. En la actualidad se está traduciendo Mindeles Liebe.

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