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Los lemmings y hasta la victoria siempre

LOS LEMMINGS Y «HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE».

Por José Antonio Gómez Di Vincenzo*

En 1971, Van der Graaf Generator, la mítica banda de rock progresivo inglés que toma su nombre del generador de electricidad estática, edita su famoso Pawn Hearts, disco antológico y de culto y paradigma del sonido del grupo. Cuando la púa comienza a rasgar el vinilo no sólo se emprende una aventura sónica sino el derrotero por una serie de rompecabezas filosóficos. Lemmings (Lemures) es el tema con que se abre el disco y es tal vez el que más desarrolla algunos de los tópicos y problemáticas vinculadas con eso que llamamos en el ámbito intelectual, filosofía política o teoría política.

En este breve artículo, este epistemólogo devenido cronista pretende al menos lograr dos objetivos: en principio, acercar al lector la obra de una banda en gran medida olvidada (al menos a uno de sus más destacados temas), una banda de culto en la década del 70 la cual despertó el interés tanto de los hippies al darles un par de bofetadas para ver si reaccionaban y de los jóvenes punks (Johnny Rotten fue y es uno de sus más comprometidos admiradores); por otra parte, discutir algunas cuestiones que se tratan en la canción y que me parecen apropiadas para ser desempolvadas y utilizadas para la reflexión sobre temáticas vigentes.

Varias aclaraciones antes de comenzar. Me veo obligado a reproducir la letra del tema en inglés. Dejo en manos del lector su traducción dado que prefiero que dicha tarea corra bajo su responsabilidad antes que destruir el tema volcando aquí una redacción pobre (de esas que abundan en Internet) alejando al interesado de los verdaderos sentidos de las palabras. Por otra parte, delego al lector interesado la tarea de ir a Internet y buscar el tema (puede escucharse en distintos sitios). Permanentemente apelaré a la responsabilidad y compromiso del interesado por interiorizarse en el tema. Sin embargo, me veo obligado a ser solidario con quienes no tienen una herramienta de traducción y hacer por lo menos dos cosas. Primero, decir algo acerca de los lémures. Segundo, al ir desarrollando las temáticas que nos convocan tratando plantear una ida y vuelta a la letra de la canción siguiendo de cerca los sentidos que allí se desarrollan.

Pues bien, veamos entonces en primer lugar qué dice el famoso tema, conocido en el medio como Lemmings (en el disco aparece con su nombre completo: Lemmings (Including Cog); después, hablemos de los lemmings y analicemos qué nos quiere decir el autor.

I stood alone upon the highest cliff-top,
looked down, around, and all that I could see
were those that I would dearly love to share with
crashing on quite blindly to the sea:
I tried to ask what game this was, but knew I might not play it…
the voice, as one, as no-one, came to me…

“We have looked upon the heroes, and they are found wanting;
we have looked hard across the land, but we can see no dawn;
we have now dared to sear the sky, but we are still bleeding;
we are drawing near to the cliff, now we can hear the call.
And the clouds are piled in mountain shapes
There is no escape except to go forward.
Don’t ask us for an answer now
It’s far too late to bow to that convention
What course is there left but to die?

We have looked upon the high kings, found them less than mortals;
their names are dust before the just march of our young, new law.
Minds surging strong we hurtle on into the dark portal
no-one can halt our final vault into the unknown maw.
And as the Elders beat their brows
They know that it’s really far too late now to stop us
For if the sky is seeded death
What is the point in catching breath –EXPEL IT!
What cause is there left but to die
in search of something we’re not quite sure of?”

What cause is there left but to die?
What cause is there left but to die?
What cause is there left but to die?
I really don’t know why…

I know our ends may be soon but why do you make them sooner?
Time may finally prove only the living move her and
no life lies in the quicksand…

Yes, I know it’s
Out of control, out of control:
Greasy machinery slides on the rails
Young minds and bodies on steel spokes impaled.
Cogs tearing bones, cogs tearing bones
Iron-throated monsters are forcing the screams
Mind and machinery box-press the dreams.
…but there still is time…

Cowards are they who run today, the fight is beginning
no war with knives, fight with our lives, lemmings can teach nothing
Death offers no hope, we must grope for the unknown answer
unite our blood, abate the flood, avert the disaster.
There’s other ways than screaming in the mob,
that makes us merely cogs of hatred.
Look to the why and where we are
look to yourselves and the stars and in the end
What choice is there left but to live
in the hope of saving our children’s children’s little ones?

What choice is there left but to live?
What choice is there left but to live?
What choice is there left but to live to save the little ones?

What choice is there left but to try?
What choice is there left but to try?
What choice is there left but to TRY?

Además de los graciosos personajes de Madagascar, los lemmings son unos pequeños roedores herbívoros que habitan la tundra en Escandinavia y las regiones árticas y que se caracterizan desde el imaginario popular por tener una marcada tendencia al suicidio en masa. Eso que se interpreta como un suicidio se relaciona con la migración. Un observador maltusiano diría que el fenómeno tiene que ver con la necesidad de mantener el equilibrio poblacional. Como sea, cada cuatro o cinco años aproximadamente se da un pico poblacional dada la taza reproductiva del roedor, hecho que trae como consecuencia la escasez de alimento y la necesidad de emigrar en busca de nuevos hábitats. Cuando ya no existe la posibilidad de que todos los individuos de la población puedan conseguir sus fuentes de nutrición, los lemmings deciden inmolarse para que otros vivan. En búsqueda de alimento, saltan al mar para nadar hacia otros parajes. En la acción muchos mueren ahogados. Peter Hammill (n. 1948), autor de la letra de la canción, toma el hecho de los suicidios colectivos que protagonizan los lemmings arrojándose desde lo alto de los acantilados como metáfora y a partir de aquí desarrollará todo una serie de reflexiones más políticas que naturalistas. Veamos…

Para el individuo aislado, solitario, aquel que se abstrae del grupo, la imagen de los lemmings saltando al mar desde lo alto del acantilado, la imagen de aquellos seres queridos, amigos o vecinos que desesperados se adentran en el océano, resulta incomprensible en principio. Sin embargo, en el individuo lemming aparece según reza la letra una voz desde las profundidades de su ser. Es un llamado a ser uno con los demás, el sentirse responsable por el destino del grupo, el compromiso con los semejantes. No es un perder el yo en el nosotros sino una resignificación de la personalidad que incluye lo individual pero rescata el ser social y supera lo dado. Mas, en el ínterin dice la letra no hay escape, sólo resta avanzar. Ya no hay lugar para las deliberaciones. La analogía con el proceso revolucionario es maravillosa. El salto al mar del lemming representa el ir al frente del pueblo en armas. En un punto no queda otra oportunidad más que morir arrojándose al océano y ser uno más jugándose el todo por el todo. Hammill, genialmente, en principio lo plantea como una pregunta, lo hace justamente porque quiere dar vuelta a la cuestión para un lado y para el otro. Esto tiene que ver con el hecho de que siempre es posible esquivarle al bulto, mirar para otro lado, plantear una filosofía del escape, del no jugarse.

Así, puede buscarse un dios que nos salve o un Leviatán señor absoluto, que nos de las leyes y nos diga cómo proceder para mantener el orden. Desde esta perspectiva la cosa viene de arriba y se desenvuelve como una serie de verdades que surgen por la vía deductiva desde una gran verdad que aparece como axioma, verdad esgrimida desde el señor o desde el economista neoliberal. No obstante, el devenir de la historia ha logrado que todo eso quede muy lejos. Hace tiempo, con el advenimiento de la modernidad, por eso de que la autoridad como fundamento del poder y el orden se hayan convertido en polvo frente a la nueva ley, la ley que se construye por la vía racional; más cerca, por el estruendo que produjo la caída del neoliberalismo y sus principales dogmas. Pero la necesidad de parar la pelota y plantear la cuestión de la legitimidad del hecho en la canción tiene que ver también con que nunca las cuestiones se agotan y siempre es posible repensar las acciones teniendo en cuenta los cambios de coyuntura. Entonces, la pregunta que se planteaba vuelve a aparecer en el tema: qué camino queda salvo morir, morir en busca de algo de lo cual no estamos seguros. No lo estamos porque ese que buscamos es algo que deviene como deviene la historia, que está en permanente proceso de construcción, que se hace y deshace por la negación y superación dialéctica. Pero más allá de la pregunta en sí misma surge la necesidad de encontrar un fundamento, un por qué, de darle vuelta a la cuestión hasta que dé todos sus frutos para entonces sí encaminarse hacia la acción.

Bien, uno podría decir, es una interesante salida, que es loable el hecho de que muchos se inmolen para que otros vivan. La cuestión además de romántica plantea un hecho trascendental. ¡Qué más puede pedirse al sujeto revolucionario! La negación de su vida es la afirmación de la de sus semejantes, la del grupo, la del proyecto. Morir para que otros vivan en mejores condiciones. Morir por el proyecto. Pues bien, es una lectura posible. Existe una contrapartida, la negación de la vida del que se considera oponente al proyecto, la muerte del individuo enemigo contrincante es la muerte del proyecto colectivo que representa. De la persecución a la quema de brujas, del fusilamiento y el campo de concentración a la quema de libros en los totalitarismos hay un sólo paso. A propósito, todavía hay quienes creen que por quemar un libro se niega al autor. Se trata de un accionar que niega pero nunca procura la superación. Sea como sea, es interesante volver sobre un punto, puesto que todo aquello va de la mano con una coyuntura histórica. Tomemos un ejemplo, el de las luchas armadas que se planteaban como salidas para transformar lo dado. Desde los grupos revolucionarios en América Latina a los jóvenes y las jóvenes peronistas que en Evita Capitana afirmaban sin dudar que podían entregar sus vidas por Eva y Perón, pasando por Jesucristo y los mártires, tenemos una muestra cabal de una manera de plantear el paso trascendental hacia el futuro mejor. No es morir para que el alma vaya al paraíso eterno sino para que los cuerpos sufrientes de nuestros hijos dejen de ser amancillados. Frente a esto, resta sacarse el sombrero y admirar a aquellos que pensaron que dando su vida lograrían mejorar la de sus semejantes. De eso no hay duda, no se trata aquí de enjuiciar dicho accionar. Él mismo, como decía, encuentra su justificación en la coyuntura histórica. De lo que se trata es de pensar la praxis hoy, en otro momento histórico, sin que nos atrase la hora.

Pues bien, la canción de Van der Graaf en un punto vuelve sobre el tema y aporta un giro más a la cuestión. Peter Hammill plantea allí que todavía hay tiempo para volver sobre las preguntas: ¿vale la pena morir?, ¿o más bien de lo que se trata es de vivir con la esperanza de poder hacer algo en vida por nuestros hijos? Hammill sostiene que la muerte no aporta ninguna esperanza. En este sentido Hammill desde una postura existencialista considera la muerte como el fin de todos los proyectos. En esta línea, el proyecto revolucionario es un proyecto que se nutre de los proyectos de quienes viven. Así la revolución más que mártires demanda sujetos vivos capaces de llevar a cabo una praxis. Es por esto que la canción culmina con el lapidario «qué otra chance queda salvo intentarlo».

Los tiempos ya no son los mismos que en los 70. Como es sabido, la historia es otra. En medio, el fracaso de la lucha armada, el haber sufrido la pérdida de tantos valiosos compañeros, familiares y amigos. ¿Cuál es la oportunidad o el camino que nos queda por recorrer hoy? Es algo que debemos reflexionar. Seguro no es el de las décadas del 60 o 70. La coyuntura actual nos demanda afinar la reflexión volviendo a desempolvar temas olvidados. Por más que para muchos el camino sea sencillo, que algunos desde una postura dogmática y ramplona le pasen con una aplanadora a la complejidad de la cuestión esgrimiendo sus clásicos slogans vacíos de contenido, convirtiendo a la revolución en un ideal que se les escapa como agua en un colador, por más que otros, los más pensantes, incurran en el reduccionismo, el mecanicismo propio de la tradición dogmática o la sobredeterminación de alguna categoría conceptual, negándose obstinadamente a revisar la teoría para mejorar la praxis. Por más que todo eso, y mucho más, debemos seguir pensando y actuando y para pensar y actuar debemos vivir.

_________

* José Antonio Gómez Di Vincenzo es docente e investigador del Centro Babini, Escuela de Humanidades, UNSAM, Argentina. Se graduó como Licenciado en Educación en la UNSAM. Cursó sus estudios de posgrado en la UNTREF, obteniendo el título de Dr. en Epistemología e Historia de la Ciencia con la tesis doctoral «Estudio sobre la relación entre ciencias biomédicas, tecnologías y orden social. Biotipología, educación, orientación profesional y selección de personal en Argentina entre 1930 y 1943». Ha participado en numerosos congresos como expositor y tiene publicados una serie de artículos en revistas académicas y libros de texto tratando diferentes problemáticas propias del campo de la Filosofía y la Historia de la Ciencia y la Tecnología. Desde 2007 es investigador del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica «José Babini» y docente en la Escuela de Humanidades de la UNSAM.

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