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Las ideas del hombre superior

LAS IDEAS DEL HOMBRE SUPERIOR DE EMERSON Y EL NIETZSCHE DE LOS SETENTA (1870-1879). SEGUNDA PARTE

Por Jorge Luis Gómez Rodríguez*

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Cualquier lector de Emerson, como nos sucedió a nosotros, puede observar en el primer capítulo de la tercera intempestiva, el resumen que éste hace de «Self-Reliance»: La crítica al rebaño por el desprecio a los individuos, la necesidad de la liberación, la apelación a la vida personal (vivir nuestra propia vida, a partir de nuestras propias medidas), vivir la vida peligrosamente, la idea del sacrificio de sí mismo, la ley del verdadero ser (Sé tú mismo). En parte, como señala al comienzo del segundo capítulo, toda esta transcripción de Emerson obedece a una experiencia juvenil que ya observamos al inicio del capítulo, pero que convendría volver a estudiar por la importancia que tiene para nuestra investigación:

«encontrar un filósofo que fuera mi educador, un verdadero filósofo, a quien pudiera obedecer sin vacilar, por tener más confianza en él que en mí mismo. […] Aquel filósofo educador con quien yo soñaba no se contentaría probablemente con descubrir la fuerza central, sino que sabría evitar también que ejerciera una fuerza destructora sobre las otras fuerzas: la tarea de su obra educativa debería ser, a mi juicio, transformar al hombre entero en un sistema solar y planetario, vivo y móvil, y reconocer la ley de su mecánica superior. […] Pero este filósofo me faltaba, y yo continuaba tanteando aquí y allá» [25].

Como ya dijimos, Nietzsche conoce por primera vez la obra de Emerson a inicios de los sesentas y, a Schopenhauer, lo lee en 1865, historia que él mismo invierte en la primera parte de Zaratustra. Pero si bien el texto que acabamos de citar, se refiere a Schopenhauer, por las transcripciones de Emerson del primer capítulo, y por el testimonio de la confianza que allí atestigua, nos hace pensar que, en realidad, se refiere de manera velada a Emerson. Más tarde, en el Zaratustra, volverá a manifestarse esta ambigüedad. Allí, en la primera parte, en «De las cátedras de la virtud», menciona que su primer maestro fue Schopenhauer (a pesar que no lo dice directamente), pero al final de esta parte, en «La virtud que hace regalos», se refiere a la Self-Reliance de Emerson, en un velado testimonio de su importancia. Como veremos a lo largo de esta investigación, Nietzsche siempre mantuvo en la penumbra su relación con Emerson y son contadas las veces que alude a este autor en su obra, la mayoría de ellas, en los papeles póstumos y en cartas. Pero lo importante aquí, es la posibilidad de poder mostrar que este testimonio de la búsqueda de un filósofo en la juventud, pudiera sernos útil para esclarecer el extremo impacto del sabio de Concord en su persona como en su obra. Pero, la idea de enfrentar a Schopenhauer mediante Emerson y corregir las debilidades del primero, bien pudiera haber sido un hábito juvenil que lo diferenció de las interpretaciones vigentes y a la que se terminó acostumbrando.

En efecto, en la búsqueda juvenil que Nietzsche relata, obnubilado por este filósofo, llegaría a confiar más en él que en sí mismo («weil man ihm mehr vertrauen würde als sich selbst») [26]. Desde nuestro punto de vista, las sospechas del testimonio que aquí observamos, sobre todo por el contexto emersoniano en que aparece (por el resumen de Self-Reliance en que lo hace y por la utilización de la idea de la «Confianza en sí mismo» que es determinante en él, al igual que por la cita de Emerson, al final del texto de esta «Intempestiva» tomada de «Círculos»), nos lleva a pensar que el relato se refiere, indudablemente, a Emerson. Bien pudiera afirmar el lector que la investigación que realizamos nos lleva a estos extremos, pero son varios los autores [27] que han mencionado ya, bajo distintas perspectivas, lo que nosotros decimos aquí.

Cuando en el texto expresa la necesidad de encontrar ese filósofo educador, como ya lo expusimos, lo hace a través de la metáfora de la centralidad (Mittelpunkte, lebendigen Centrums, Centralkraft), del mismo modo como lo hace Emerson en Self-Reliance ( «that a true man belongs to no other time or place, but is the centre of things») [28]. Pero la semejanza del pasaje de «Schopenhauer como educador» con el Ensayo de Emerson, no termina aquí. Cuando relata, en el mismo pasaje, que buscaba al filósofo de este centro y no lo encontraba, señala que en Alemania no hay ni comprensión de las tareas educativas, ni menos el anhelo que a él lo llevaba con tanta prisa en esa búsqueda, pues «nada demuestra de manera más marcada y más humillante que el sentimiento de satisfacción presuntuosa que los contemporáneos experimentan respecto de ellos mismos» [29]. Si bien este balance de la cultura de su tiempo pudiera representar una auténtica mirada crítica, como pensara cualquiera que lee el pasaje, lo cierto es que parafrasea a «Self-Reliance», pues, el pasaje de Nietzsche dice: «das anmaassliche Wohlgefühl der Zeitgenossen» («el sentimiento de satisfacción presuntuosa de los contemporáneos») y Emerson «the smooth mediocrity and squalid contentment of the times» [30], «la blanda mediocridad y el escuálido contentamiento de los tiempos», expresión que volverá a parecer en el Prólogo del Zaratustra (Cap. 3), como «ein erbärmliches Behagen», «una satisfacción miserable».

Como vemos, cuando se refiere al filósofo educador, en el segundo capítulo de esta «Intempestiva», parafrasea al Emerson de Self-Reliance, en una pasaje donde cuenta cómo descubrió al autor de «El mundo como voluntad y representación» y cuáles fueron los sentimientos que lo llevaron a ese encuentro. ¿Qué lo lleva al cambio de identidad de un autor en otro? ¿Por qué cuando narra su encuentro con Schopenhauer, se refiere al Emerson de Self-Reliance, el texto más emblemático de su obra? ¿Por qué Nietzsche quiere transformar a Emerson en Schopenhauer y a Schopenhauer en Emerson?

«Equilibramos la influencia de un hombre (superior) con la de su opuesto», pues es necesario «contrapesos y frenos de uno a otro», dice Emerson en «La utilidad de los grandes hombres» [31]. Hay «un límite a la utilidad de los grandes hombres», pues, siempre existe el riesgo de que «se conviertan los unos en los otros». Como podemos apreciar, la idea de servir a los grandes, también conlleva el peligro de un exceso de influencia de éstos, y, sin lugar a dudas, la extraña defensa entre uno y otro, el exceso de uno y el exceso del otro, parecen compensarse mediante la exposición que Nietzsche les dedica. Al ponerlos el uno frente al otro, al enfrentar a Schopenhauer con Emerson, intenta protegerse del exceso de influencias. Pero la compensación solo sirve para que cada cosa sea ella misma, para que cada individuo viva de sí mismo y no de otro, para que cada quien se defienda y se proteja de los otros. Solo así no hay que temer de una influencia extrema. Para evitar la fuerza de uno solo, para impedir una hegemonía agobiante, hay que protegerse de éste, enfrentándolo contra otro genio y así, bajar la intensidad de una centralidad sin parangones, ni matices, puro centro egótico sin condescendencia con los demás.

Nietzsche, en el mismo capítulo de la tercera «Intempestiva» que estudiamos, señala que la confianza que tuvo en este pensador fue repentina, afirmando que «le comprendí como si hubiera escrito para mí». Si bien en ello no vemos nada más que una experiencia personal, nos sorprende cuando observamos que allí dice lo mismo que relata Emerson sobre Montaigne en «The representative Men», recordando el placer y el asombro que le provocó la lectura de éste:

«Its seemed to me as if I had myself written the book, in some former life, so sincerely it spoke to my thought and experience». «Y esto me pareció como si yo mismo escribiera el libro, en alguna forma de vida, y así sinceramente habla a mi pensamiento y experiencia» [32].

Pero si bien este significado fue como si éste hubiera escrito para él, por el contrario, para Emerson, la experiencia del deslumbramiento le hace decir que él mismo había escrito en alguna forma de vida anterior el mismo libro. Pero cuando más abajo de este pasaje, Nietzsche afirma que Schopenhauer no solo se parece a Goethe, sino a Montaigne, no nos queda otra posibilidad que afirmar, sin temor, que Nietzsche parafrasea al Emerson de «The representative Men».

Las semejanzas, parafraseo y citas «inconscientes» que aquí aludimos, no están presentes en los comentarios a la obra de Nietzsche que hace la edición crítica de Colli y Montinari, por la sencilla razón que en ésta, los criterios filológicos que siguen, no les permite profundizar más allá de la cita. Solo la procedencia de la cita de Emerson en el último capítulo del texto, como la cita de Oliver Cromwell que toma de éste, aparece reseñada allí. En cualquier caso, este vacío que la literatura sobre el tema en Norteamérica ha destacado mediante investigaciones todavía muy generales, no deja de sorprendernos. Como es lógico, en nuestro enfoque, buscamos profundizar en un análisis que intenta mostrar no solo las falencias de la investigación sobre un fenómeno inédito en el ámbito filosófico, sino también, extraño y hasta excéntrico, pues, no se trata de citas, ni de estimaciones personales, ni menos de auténticos recuerdos. Es posible que Nietzsche en los setenta, tenga mucho cuidado en no parecerse demasiado al autor que lee con tanta pasión, pues aquí hay la preocupación de no traspasar el horizonte de la glosa y el parafraseo, buscando impedir la proximidad acusatoria y la deuda inevitable. Después de los resúmenes de Pforta y de una utilización todavía ingenua de Emerson, sobre todo porque allí solo se trataba de pequeñas investigaciones de estudiante y no de una obra para la publicación, los parafraseos y glosas en los setenta, son mucho más cuidadosos y prolijos, ya que además de éstos, abunda el recuerdo aleatorio, la imitación del original sin verterlo con escrupulosa exactitud, cuidado de no parecerse demasiado. Es en este aspecto que la mención que hace Ida Overbeck, la mujer del amigo Franz Overbeck, sobre la oculta relación de Nietzsche con Max Stirner y que se volcó, luego de la muerte de Nietzsche, en una extrema acusación de plagio donde intervinieron, Peter Gast, Elizabeth Förster, Franz Overbeck, y Eduard von Hartmann, resulta tremendamente ilustrativa y sugerente del cuidado que puso Nietzsche de caer en el plagio. En el libro de Carl Albrecht Bernoulli, «Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche, Eine Freundschaft», Jena 1908, hay un recuerdo de Ida Overbeck donde menciona que Nietzsche no solo era asiduo lector de Max Stirner, sino que éste lo consideraba como un cercano y allegado, pero al que siempre negó haber leído, temiendo ser acusado de plagio. Al mencionar la cercanía con Stirner en una conversación privada, al darse cuenta que ha confesado lo que nadie sabía, le dice: «Ahora se lo he dicho a usted, cuando en realidad no quería hablar de eso. Olvídelo de nuevo. Se hablará de plagio, pero usted no lo hará, ya lo sé» [33].

Como observamos en este relato, el cuidado que el autor ponía en la paráfrasis de otros autores, el celo con el que intentaba evitar una cercanía que lo delatara y evitar así el plagio, también se dio al mismo tiempo que negaba toda vinculación, lectura y conocimiento del autor con el que se lo relacionaba. Pero el temor al plagio, nos enseña que Nietzsche evitaba en los setenta, señalar sus predilecciones entre los autores de su tiempo, para evitar con ello vínculos en los que se pusiera en duda su «originalidad». Sin embargo, cuando hay humo, como suele decirse, es porque hay fuego.

Como ya dijimos, y sobre todo porque es algo verdaderamente sorprendente, al tomar como defensa a Emerson y sus ideas, frente a la genialidad de Schopenhauer y en un texto dedicado a éste expresamente, no encontramos otra explicación que la idea del propio Emerson de que hay que enfrentar a los genios para evitar que uno de ellos sobresalga más que otros. Cuando Nietzsche narra el deslumbramiento que recibió en su primer encuentro con Schopenhauer, escena puramente literaria, se comprende, la primera impresión «fisiológica» que le provocó este encuentro, no lo hace, como se pudiera pensar, recordando sus textos o el contenido específico de alguna de sus ideas. Por el contrario, lo hace tomando las ideas de Emerson sobre las notas esenciales del hombre superior, como si quisiera decirnos, que lo que más le deslumbró de Schopenhauer, en su primer encuentro, es que era la encarnación del hombre superior de Emerson o distaba de serlo. En el capítulo tercero y cuarto de la tercera Intempestiva, los adjetivos emersonianos con el que quiere a toda costa retratar la verdadera personalidad del homenajeado, no solo son extremadamente conocidos para cualquier lector de Emerson, también quieren retratar forzadamente, lo que es notorio a primera vista, a un modelo sobre otro modelo o, mejor, a un filósofo y sus ideas, bajo el perfil paradigmático de un nuevo proyecto de humanidad. Schopenhauer, como llegamos a pensar, es visto bajo el escrutinio emersoniano del Great Men, y la crítica al Estado y a la cultura, desde el punto de vista del desprecio de sí del hombre superior, el heroísmo que supera el bienestar insatisfactorio, no retrata al verdadero Schopenhauer, sino al héroe emersoniano. Pero lo destacable que hay en esta Intempestiva, y como volverá a ocurrir con la última de ellas dedicada a Wagner, no es solo el coqueteo y la apropiación de las expresiones e ideas emersonianas. También hay allí una sutil y maquinada mezcla entre éstas y los recuerdos de anteriores investigaciones del propio Nietzsche, como, por ejemplo, «El porvenir de nuestros establecimientos educativos» de 1872, con el fin, creemos nosotros, de desviar la atención sobre la apropiación de las ideas emersonianas, mediante las remembranzas de sus propias conquistas investigativas, o bien, recordar que desde ahí en adelante el Jano bifronte hizo de las suyas. En un sentido que podríamos aclarar más adelante, la tercera y cuarta Intempestiva, reproducen fielmente el ideal emersoniano del hombre superior, sin observar, pues no es necesario, el verdadero rostro de los involucrados, ni menos preocuparse por su constitución real. Ni la grandilocuencia, ni menos el discurso alabancioso, podrían dar testimonio de esta casi suplantación ideal de los homenajeados. En lo forzado de la adjetivación de «Wagner en Bayreuth», no hay burla ni ironía ninguna. Hay el matiz ya maduro de acentuar el ideal emersoniano por sobre la cabeza del homenajeado, de tal manera que la extrema distancia entre uno y otro, manifieste por sí misma, la idealización imposible entre ellos. Pero también hay en estas dos últimas intempestivas, en estos dos panegíricos del Great Men alemán, un fuerte contenido parasitario de Nietzsche, mucho más evidente que en la tercera Intempestiva, donde todavía se parapetaba en Schopenhauer, pues, en ellas, en los homenajes forzados, se entrega al modelo emersoniano sin esconder nada, ni sin pedirle a otro que lo defienda de la arrogancia del modelo que sigue. En las dos últimas Intempestivas, como repetimos, hay un tomar todo el ideal emersoniano como propio, razonar como Emerson, destacar las características que él destaca, hablar como éste lo hace, criticar a la cultura contemporánea del mismo modo. El intenso parafraseo de Emerson, muy cuidadoso y delicado, que hace parte de estos textos, nos advierte de una extrema connivencia, como de una semejanza, al comienzo, forzada y hasta brutal, pero luego, sutil y equilibrada.

Cabría preguntarse, y a pesar de lo que acabamos de señalar, ¿cómo es posible acercarse a este tipo de individuo que educa con el ejemplo sin perder con el ideal, ni con el homenaje, sin renunciar a lo propio y caer, por ello, «fuera de nosotros mismos»?

No hay mejor ejemplo para esto, que la «la realización de la naturaleza» en «los filósofos, los artistas, los santos». Este pasaje del quinto capítulo de «Schopenhauer como educador», nos recuerda la prosa emersoniana y sus características más significativas, entre las que destacamos, el ritmo pausado de un periodo largo, una poesía suave pero profunda, una suerte de entrega mística pero musical y arrolladora, todo esto junto a pausas exquisitas, mediante enumeraciones que no llegan a cortar o a entorpecer la lectura, sino, de modo extraño, a incentivarla. Todo esto podemos disfrutar en las primeras páginas del quinto capítulo. Pero hay también aquí un parafraseo de History, que la edición crítica ni comenta, ni consigna. Una cita que luego en «La Gaya Ciencia» (1882), hará parte de un tributo que Nietzsche (en la primera edición de la obra y que luego elimina) rinde en el año de la muerte de Emerson [34]:

«Para el poeta, para el filósofo, para el santo, todas las cosas son amables y sagradas, todos los acontecimientos, provechosos […] porque su mirada se fija en la vida y desdeña la circunstancia» [35].

El pasaje al que nos referimos dice así:

«Esos son los verdaderos hombres […] los filósofos, los artistas, los santos» [36].

Más adelante y, en el mismo capítulo, vuelve sobre el mismo tema:

«provocar la venida del filósofo, del artista y del santo en nosotros y fuera de nosotros, para trabajar en la realización de la naturaleza».
(Continua página 2 – link más abajo)

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