Literatura Cronopio

Revista Cronopio Edición 73 Cronopio, Literatura Cronopio 2 Comments

Deja vu

DÈJÁ VU

Por Gustavo Marcelo Galliano*

«¡Hola, hola… Buenas tardes!, ¡Vamos, vamos…!

¿Cómo está usted, Señorita, se comportó bien Francisco hoy?

Dale Frank, apúrate, vamos que se hace tarde para la práctica en la Escuela de Fútbol.

¡Hasta mañana, Señorita…! ¡Pero qué manera de haber gente amontonada esperando a los chicos!, parece el ingreso a la cancha… ¡Cuidado, señora, que está pisando a mi hijo…! ¿Me pareció a mí o ni me miró tu maestra…? ¡Claro!, en tremenda avalancha de gentío, cómo me podría prestar atención… Pero podría ser un poco más simpática, una sonrisa a la semana no le produciría comezón… Después dicen que hay seguridad a la salida… ¡Cuidado señor…!

Dale, nene, ¿no ves que se hace tarde y tenemos que andar a las corridas? Sí, ya sé, seguro que preferís ir en taxi… Pero si sabes que no tengo ni una moneda… Dale, camina, camina más rápido… Que se hace tarde… ¿Cómo se llamaba tu maestra de primer grado…? ¿Ludmila…? ¿Lucrecia…? Tiene un par de ojos tremendos… ¡Ay, si algún día me mirara! Já… Aunque no sonría, ni me mire, já…

Pero vamos, vamos, camina un poquito más rápido que no te hace mal, dale. Y no me vengas con que la mochila es pesada, porque te compré una bien livianita, ¿eh?… Y de buena marca, para que no hablen los demás. Vamos que el saber no ocupa lugar… Así que apúrate… Y no me digas que estás cansado porque tuvieron gimnasia en la última hora… ¡Si no hacen nada…! Ustedes son bastante perezosos, y los profesores la ganan bastante fácil…

Mira, cuando yo era niño vivía en el campo. A una legua del pueblo. Me iba en bicicleta… ¿Cómo que qué es una legua… Ni eso te enseñó? Son unos cinco kilómetros… Bueno, te decía que me iba en bicicleta a la escuela y ya llevaba la pelota de cuero en una bolsita. A la salida del colegio, nos íbamos con todos los amigos a la cancha del baldío de enfrente, y le dábamos hasta bien entrada la tardecita. Y así como estaba, bien transpirado, me subía a la bicicleta y pedaleaba bien fuerte la legua de regreso, que parecía más larga y empinada, para estar de regreso para la hora de cena, compartiendo la mesa… ¡Si no mis viejos…!

Llegaba destruido, con más tierra encima que el camino mismo… Había cada guadal que las ruedas se hundían como en la nieve… Y masticaba tanto polvo que se me fueron limando los dientes… Entre el sudor y la tierra, llegaba todo embarrado, y encima nada de haraganear, a ducharse rápido y con el agua helada, hasta en pleno invierno, porque la garrafa de gas se reservaba para los abuelos primero y los padres después. La excusa era que el agua fría te reactivaba la circulación… ¡Já…! Si yo tenía la circulación como una coctelera de tantas horas de fútbol y bicicleta. Y cepillarse los dientes, y peinarse el cabello… Esos remolinos enredados y pinchudos, con pan de jabón blanco federal, me hacen recordar a los tuyos…

Entre bocado y bocado del puchero se me cerraban los ojos. No veía la hora de acostarme. Pero aguantaba. Así se hacen los hombres, nada de andar quejándome… Después de la cena, la tarea. Y una vez en la cama… ¡Nada de dormir por un buen rato…! Primero había que repasar mentalmente en la oscuridad todas las jugadas del partido de esa tarde, para meter imaginariamente en el arco las que había pateado afuera… Para soñar despierto con los goles que haría el día siguiente… ¡Qué cansancio ni qué ocho cuartos…! Yo no protestaba nunca… ¡Jamás! ¡Y tampoco traía malas notas, eh! Porque si no, me castigaban y me dejaban sin la bicicleta y la pelota por un buen tiempo… ¡Y ambas eran sagradas…!

¿Y vos ahora te cansás por caminar ligerito estas diez cuadras…? Andá… Los chicos de hoy son todos unos flojos… Unos malcriados… ¿Acaso no te das cuenta? El único padre que va con su hijo, soy yo… Los demás ni ahí… Todos llegan con sus mamitas, sus abuelas, o las «chicas que los cuidan…» ¡Por favor…! Vaya a saber qué resultarán de grandes… Por eso todo está como está en este mundo.

Seguro que los padres se justifican, «no puedo ir, tengo que trabajar…» ¡Sí, seguro…! Se quedan en sus oficinas, o en el «after office» hablando de mujeres, de «minas», entre ellos… Eso hacen… Les parece que es rebajarse el acompañar al hijo a la escuelita de fútbol… ¡Agrandados…! ¡Mediocres…! ¡Perdedores de billeteras gruesas!

Entonces, el que queda como una bestia soy yo, cuando me prendo al alambrado periférico y te grito alguna indicación… Y ni qué hablar cuando se me escapa algún insulto… Las mamitas me miran con repugnancia, como si yo fuera un degenerado… ¿Qué saben ellas de fútbol, eh…? Nada… ¿Acaso yo me burlo al verlas lloriquear cuando cuentan el final de sus novelitas por la televisión…? No… ¿Y entonces, qué se tienen que meter conmigo…? Si yo te traigo acá porque ya no hay potreros, las plazas son baños para perros, y la pelota no pica, queda encastrada en la porquería… Entonces te tengo que traer acá… A correr en esta pista de cemento… Y encima los «profesores» que te «enseñan fútbol» no pisaron el césped nunca, no tienen la menor idea… Pero total qué importa… Las «mamitas están contentas…» Trajeron a sus hijos a descargar tensiones, a descontracturarse, a desintoxicar stress y volver más «cool» a la escuela el día siguiente. Y de paso «relojean» a los «profes», ¡Já…! ¡Como si no me diera cuenta…! Tan fácil para algunos… ¿Profesor, podemos ir a la oficina así le pago las cuotas atrasadas?, dice una colorada sin pudores… Y el profe no puede echarse atrás… «Nenuco… ¡Hacéte cargo de la clase que ya vuelvo…!» Pasa media hora, ¿cierto? ¿Alguien controla los tiempos…? Y Nenuco tiene doce años apenas… pero piensa, «ya me tocará a mí».

¡Y vos me salís con que estás cansado…! Pero andá…

Eres el típico producto de estos tiempo modernos, pura tecnología. Todos los chicos se pasan horas y horas sentados como pavos reales frente al televisor. Si por lo menos mirasen algún partido… Pero no… Los señores miran luchas de dinosaurios robots, de mamarrachos con forma de escoba desflecada que lanzan «rayos láser», figuritas mal dibujadas por japoneses que hablan en inglés subtitulado en español, héroes con trajecitos ajustados y de colores raros… ¡Por favor…! ¡Qué fácil que ganan dinero algunos…! y a costa de petrificar cerebros pequeñitos.

Yo lo único que miraba era al Patito Saturnino y al Lagarto Juancho… El Show de Carlitos Balá y su perro invisible, Angueto y las canciones de la divina Silvia Mores… Yo estaba enamorado de ella… Ahhh… Y solo un ratito los sábados y domingos al mediodía… Y mirá, me gusta el fútbol como a ninguno… En cambio, ustedes los tecnocibernéticos siempre tienen problemas… Juegan pero no les gusta la pelota en absoluto… Es un compromiso para conformarnos a los adultos… Después vuelven y se enfrascan en la TV o en la Play Station.

Vamos… Apúrate, dale…

Yo me desvivo por vos. Te compro los botines ultra-livianos, esos de la propaganda, con la «célula de aire para mayor comodidad y ajuste al pie, que perfecciona la pegada…» Y vos no corrés ni dos metros… ¿Sabés lo que me costaron…? De chico yo tenía unos botines de cuero que parecían acero… Ni lengüeta tenían. Si le pegabas de lleno, se te clavaban los cordones en el pie. Todavía tengo las cicatrices. Mira con los zapatos viejos que ando yo todos los días… Y vos ni pedís la pelota… ¿No te das cuenta que tenés que patear al arco…? ¿Para qué entrás a la cancha a jugar y después pedís ser arquero…? Te juro que si vas al arco otra vez, entro a la cancha y te saco de una oreja… ¡Arquero…! Anda…

Vos tenés que ser centrodelantero… Vos SOS el «nueve», ¿entendés…? El «NUEVE…» Y tenés que meter bien duro…

Si hay un córner, te parás al lado del arquero y lo molestás. Sos morrudo y grandote, él no te puede mover. Y entonces lo anticipás y cabeceás al gol… ¡Y a festejar al alambrado…! ¡Pero cabeceá, nene…! Me paso horas enseñándote en el patio con la pulpito y cuando viene un córner en la práctica, vos te corrés para afuera del área… ¿Te burlás de mí o le tenés miedo a la pelota…? Decime, no agachés la cabeza, ni cerrés los ojos, decime…

Me ponés loco, y si te grito… Las «minas» que me miran feo… ¡Bah…! Si por lo menos estuvieran lindas… Pero los maridos las mandan tranquilos porque saben que son bagre y medio bacalao… Si no, ya las iban a dejar venir… Sí, claro…

¿Vos sabías que tu papi fue un tiburón implacable…? Me he comido cada pececito que ni te cuento, y hasta… Pero eso no importa ahora, no me cambiés de tema… El tema pasa por tu actitud… ¿No te enseñé a pegarle a la pelota…? La pierna de apoyo bien cerquita de la bola y con la de impacto le das bien fuerte… Los ojos en el arco… Bien abiertos y enfocados en el perímetro de gol… Si podés, le apuntás al arquero, eso no falla, entra seguro… Y shoteá como te enseñé… Le pegás abajo y se clava arriba, le pegás bien al medio y la clavás abajo… Fácil, nene, fácil… ¿Sí…? ¿Entonces, por qué cuernos no lo hacés…? Le pegás a la pelota como pifiada de billar, con un miedo terrible… ¿Miedo a qué…? ¿Miedo a qué…? ¡Eh!

Vamos, apúrate que ya falta poco… Dale…

Dejá de quejarte y obedecé, vamos, yo soy tu padre. Yo ya fui chiquito y aprendí, entonces. Vos me tenés que escuchar. Es para que no te golpees en la vida como me paso a mí. Hacéme caso y listo. Aprendé de mis errores, no de los tuyos. Ganá tiempo. Yo hubiera sido un jugadorazo si no me agarraba esa neumonía… Y después tuve que laburar como un condenado para mantener a mi madre, que quedó viuda, la pobre. Y encima, para empardarla más, me fui a casar jovencito con la Noemí… ¿Para qué…? De puro calentón no más… Capaz que hoy estaría forrado en dinero y hasta te podría traer en auto importado a la escuelita…

Aunque anda a saber… Capaz que si tenía «guita», me quedaba charlando como los maridos de las «minas» estas, y vos ni aprendías fútbol… Qué se yo… ¿Viste cómo me marca siempre la madre del rubiecito amigo tuyo, o me parece a mí…? ¿Nunca te preguntó por mí… no…? Dale, decime…

¿Ves que no tenés que ser un pobre tipo como yo…? Ni como esos vagos de porquería que andan hoy por la calle… Mirá allá más adelante en la vereda. ¿Ves? Así vas a quedar si no me prestás atención… Vagos, drogones… Si algún día te veo con esos pelos y esa mugre, no serás más mi hijo, ¡Palabra!

Vamos que llegamos, dale, entrá rapidito, entrá, dale… Vamos rapidito al vestuario que tenés que cambiarte… ¡Dale Francisco…! No me hagás enojar… Escuchá… Escuchá… Ya se siente que los chicos están peloteando… Y los bagres de las mamitas parloteando… Vamos, nene, dale, dale…Vamos que tenemos que ganar… No me hagás quedar mal…»

* * *

«Rasta», ¿viste al tipo ése?…

Pobre, venía hablando sólo desde lejos el loco.

Primero pensé que estaba hablando por el celular, de esos que vienen tipo «manos libres», ah. Pero no, ni ahí… El tipo venía caminando y hablaba y hablaba solo. Hasta me miró feo cuando se dio cuenta que yo lo miraba. Ahí, justo delante de la puerta de la Escuelita de Fútbol.

Después entró. Solo. Cada vez encuentro más gente que viene hablando sola… Esta ciudad se está llenando de enajenados, de loquitos, Rasta.

¿Por qué será… El agua estará contaminada…? No sería raro. ¿Viste que todas las porquerías de las fábricas las tiran al agua, para que se la lleve la corriente? Y los desechos cloacales también. ¡Já!, en el agua no se marcan las huellas.

O en una de esas es la tecnología.

¿Viste que dicen que las antenas de los celulares te llenan de radiación…? Dicen que te fritan el cerebro…

¿Rasta…? ¿Rasta…? ¿Dónde te metiste…? ¿No ves que me dejas hablando solo como un imbécil otra vez…?

¡Rasta…! ¡Raaastaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!

_________
*Gustavo Marcelo Galliano es poeta, narrador, docente universitario. Nacido en Gödeken, y posteriormente se radicó en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina, donde centró sus estudios en Economía, Derecho, e Integración (Mercosur). Su pasión por las letras le impulsó a ganarse su propio espacio en el medio literario. En septiembre de 2006, obtuvo su primer premio en un certamen literario internacional, por su poema Carta de un Cyrano a la más dulce dama. Le continuaron numerosas distinciones nacionales e internacionales. Entre ellas, el Primer Premio género Narrativa Breve, por La Casa de mi Vidaa, en el XXXIII Concurso Nacional de Poesía y Narrativa Breve, 7 de Agosto de 2010, San Lorenzo, Santa Fe, República Argentina. El 2 de Abril de 2009, presentó en el Salón Real del Club Español de Rosario, su premiado libro de relatos breves: La Cita. Tiene registrados y prontos a editarse un nuevo libro de narrativa (Un Dragón en el Acuario) y un poemario (Ocultos tras la bruma), entre otros. Ha participado en numerosas e importantes antologías literarias internacionales y publicado en las más prestigiosas revistas literarias de América, Unión Europea, Asia y Oceanía. Actualmente se desempeña como Columnista Especial y Colaborador Permanente en revistas de Literatura y Arte en Toronto (Canadá), Buenos Aires (Argentina), Jerez de la Frontera (España) y Miami (USA). Sus escritos se han traducido a diversos idiomas. Honrado con la designación como Jurado en certámenes literarios de Poesía y Narrativa. Es miembro fundador de Naciones Unidas de las Letras (UNILETRAS), de Unión de Escritores Hispanoamericanos (UHE), de Red de Escritores en Español (REMES), de Poetas del Mundo.

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Comments 2

  1. Excelente cuento donde las personajes son tan reales que impresionan.

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  2. Excelente.
    Siempre estás allí.
    Alexia

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