Filosofía Cronopio

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Los ojos de Ayn Rand

LOS OJOS DE AYN RAND

Por Egberto Almenas*

En estos tiempos hay sólo un rebelde verdadero… El radical al dominio de la razónLeonard Peikoff

¿Quién fue Ayn Rand?, también podría preguntarse ahora que su pensamiento transciende al mayor de sus protagonistas, el brumoso John Galt de su última y más célebre novela, La Rebelión de Atlas (1957), o la Biblia de los liberales libertarios. La criatura heroica de la autora radicó en el individuo que de su propia volición y esfuerzo se procuraría ante todo la libertad, al pie de un capitalismo laissez-faire en ley, fuente del estado más alto de la civilización —sostuvo ella—, guiado sin una iota de altruismo y sí gracias al buen uso de la razón. Justo en el lapso más cadente de la Guerra Fría, Ayn Rand (1905-78) fue calando así un sistema filosófico cuyos principios todavía vulneran incluso las bases de las convicciones más aventuradas. Ella lo llamó el objetivismo, y tiene por norte moral el logro y disfrute de la vida ennoblecida por los hechos comprobados más allá de la fe, las fantasías, los temores y las culpas inculcadas.

La rusa de nacimiento que se había refugiado todavía joven en los Estados Unidos se erige en su incontestable matriarca. Audaz y seductora, capaz de fulminar sólo con la mirada de sus ojos el arredro de la colectivización y el estatismo, propuso que el individuo debe existir en función de su propio bien, de su «interés propio racional», sin sacrificarse por los demás, ni sacrificar a los demás para su bien. «El concepto de sacrifico involucra esclavitud y apoderamiento: no es el esclavo, sino el amo quien siempre lo propone». La invención de un improbable dios todopoderoso, dice, sólo ha servido para obstruir el potencial de nuestra felicidad. ¿Y cómo prueba usted que no existe? —La lógica, responde ella, no está llamada a probar un negativo. En la inmensa concatenación de accidentes de los cuales desciende que una cosa sea y cobre identidad positiva, no puede haber contradicciones. De lo contrario, no existiría, y la premisa del creyente dista raudales de la «identificación no-contradictoria». Las leyes de la naturaleza han de ser obedecidas en acuerdo riguroso con la realidad objetiva. Así se verá que su derivado moral jamás premia el dolor o la autoindulgencia insensata, sino la lealtad al logro de nuestra dicha.

Nadie puede escapar la necesidad de elegir, y he aquí la lógica del individualismo y la libre voluntad. La sanción de la mayoría, arremete el objetivismo, nunca debe arrogarse el derecho de votar contra los derechos de una minoría. De hecho, «la función política de los derechos es precisamente proteger a las minorías de la opresión de las mayorías, y la minoría última del planeta es el individuo». Jamás constituye un derecho privarlo de la realidad, del pensamiento, y de los frutos de su propio trabajo. «Yo no necesito un motivo para existir, ni una sanción para mi existencia. Yo soy el motivo y la sanción», reclama uno de los personajes de Ayn Rand.
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El gobierno amenaza a este Yo. Desata contra sus víctimas legalmente desarmadas el abuso legalizado de la fuerza. Sólo es útil un gobierno cuanto más respete la privacidad. Sin ella se revierte al salvajismo según los rituales «públicos» de la tribu. El deseo de «hacer bien» por fuerza nunca constituye un buen motivo y vale tanto como la estupidez. El verdadero amor, en cambio, «es la expresión de los valores propios, y la recompensa más grande que se pueda obtener por las cualidades morales alcanzadas, debidas al carácter de cada cual, y el precio emocional que se paga por el disfrute que recibe uno a razón de las virtudes de otro». Amar implica primero un Yo: «Son mis ojos los que ven», compendia por intermedio de otro de sus protagonistas literarios, «y la vista de mis ojos le transfiere belleza al mundo. Son mis oídos los que oyen, y esa capacidad de oír le da al mundo su canción. Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede encontrar la verdad. Es mi albedrío el que elige, y la elección de mi albedrío es el único edicto que respeto.»

La razón tampoco puede imponérseles a sus negadores, arguye esta pensadora de vida y pasiones en sí novelables, que fumaba cigarrillos en boquilla y la cual lució hasta su muerte corte y peinado «alas de gorrión». La acusan y le temen por atentar contra los mejores valores estadounidenses. Pero ella rehúsa entramparse en los recovecos estériles de los mitos y de la academia convenida. Lo más difícil de explicar, concluye, es lo que otros han decidido no ver. Si la cobardía del conformista es siempre maligna, más aún lo es la del conformista de moda.

Así podrían tacharse a muchos de la llamada posmodernidad. Tras los crecientes desencantos de sus operaciones, de sus simulacros e imposturas virtuales, la voz de John Galt, o el Cristo en sus días más torna-almas después del bíblico, resucita y gana adeptos. Pese a las insuficiencias y «moribundia» de los liberales libertarios, hoy se formulan relevos que contemplan soluciones híbridas y recíprocamente correctoras entre bandos rivales en otros tiempos. Concédase en tanto que Ayn Rand salvó la validez de la mente independiente y racional; divisó una moralidad viable contra el sufrimiento y la muerte sin sentido; potenció el logro de la plenitud en la vida. En cualquier estima justa de la maquinaria que sea para existir en un mundo fascinante, han de aprovecharse las piezas más resistentes de esta filosofía suya. La derecha capitalista podrá negarla como antigua aliada impugnable, y la izquierda más antípoda como discrepante colosal. Pero pocos negados a la peor cobardía podrán negar que aun desde la punzada de sus ojos negros irradie el vaticinio de una gran inteligencia libertadora.
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Este texto fue tomado de Hoja de Acanto: Diez narradores europeos (2012).

Ayn Rand, entrevista con Tom Snyder. Cortesía de Objetivismo. Pulse para ver el video:

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* Egberto Almenas es Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (EEUU). Máster en Estudios Latinoamericanos-Humanidades, Universidad de Chicago, Illinois (EEUU). Licenciado en Bellas Artes, Universidad de Illinois en Chicago, Illinois (EEUU). Libros publicados: Art Capsules: The Contemporary Art Scene in Central Florida and Beyond (2014). Hoja de acanto: Diez narradores europeos (2012). Lecturas minuteras: José Martí y otras instancias de la modernidad literaria en Nuestra América (2007). Desde los escondrijos de Satán: crónicas [entredichas] sobre el arte y la cultura en Puerto Rico (2005). Prosa última de José Martí: estilo, teoría y la Guerra de Independencia en Cuba (1997). Investigaciones: Colaborador científico, Centro de Estudios Martianos, La Habana, Cuba.

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