Filosofía Cronopio

Revista Cronopio Edición 54 Cronopio, Filosofía Cronopio 0 Comments

La liberación y los fantasmas

LA LIBERACIÓN Y LOS FANTASMAS

Por Alejandro Arturo Vallega*

Pienso que la gran vuelta de la filosofía mundial ocurre en parte gracias al pensamiento de Enrique Dussel. En él se encuentra un giro hacia un pensamiento que en vez de aislarse en si mismo y querer reconocer su originalidad exclusiva, o sea dejando fuera a lo otro, se abre a una infecciosa interpluralidad. Quiero decir que si uno lee a Dussel con cuidado, uno se da cuenta de que dada la geopolitica del pensamiento, la filosofía es siempre una experiencia mundial, y por esto transmoderna, ya que ni comienza ni termina con la modernidad Europea o con la historia de la filosofía Europea y Norteamericana y el otro (genitivo) de esta. Pero para entender esta transmodernidad hay que dar un paso clave que puede llevar a un malentendido sobre la filosofía de liberación de Dussel: se trata de ver la división geopolitica del poder mundial de una manera transformativa y no estática.

En su pensamiento Dussel comienza desde la geopolitica y el sistema mundo, y lo hace reconociendo la relación centro y periferia con que se ordena el mundo moderno en torno a Europa y Norte América. Al comenzar desde la geopolítica uno se descubre en una situación de dominación y dependencia. El centro de poder se situá en las naciones mas fuertes en cuanto a la economía, armamentos, y tecnología. El resto del mundo le sirve a este centro de poder como fuente de materia prima y labor: el ser humano se reduce a un ser al servicio de la economía que ignora su humanidad y lo considera una fuente dispensable de labor y producción.

Así se hace explicita la relación de poder y dependencia entre el occidente y las otras regiones y culturas mundiales. Es esta realidad que nos hace ver Dussel y la filosofía de liberación. La dificultad con esta articulación es que se crean dos fantasmas, dos imágenes que no corresponden a la realidad, sino que sirven a continuar la destrucción y explotación que se hace explicita con esta visión del sistema mundo. Por un lado aparece un centro que se ve como un poder real y esencial: el hombre blanco colonizador y explotador con su historia euro–norteamericana; o internamente el capataz, el criollo, el segundo que reproduce la economía de explotación y dependencia en su propio pueblo.

Por el otro lado aparece un pueblo explotado y al borde de la muerte: siempre explotado en el nombre de una vida definida por el maltrato y la exclusión. Se hace así un sistema binario conceptual en el cual peleamos contra el occidente blanco, contra el hombre blanco, lo resistimos y atacamos, y al hacerlo lo afirmamos como echo ontológico y verdadero. También podemos darnos vuelta hacia nuestra cultura «propia» y reconocer nuestra alteridad: si, soy el otro en mi puro origen. Pero ni una ni la otra de estas imágenes muestran la realidad en que nos encontramos cuando comenzamos a ver las cosas de un poco mas cerca y desde lo vivido. Cuando la realización geopolítica de poder, dominación y dependencia se toma como tal, parece ser como una división binaria entre identidades definidas, se pierde la oportunidad de un pensamiento transmoderno que no se base en la identidad dada a los conquistadores o a los conquistados.
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Al repetir la idea de un centro y su exterioridad o «otro,» lo que se pierde es la posibilidad de llegar a pensar desde la realidad temporal, dinámica y efímera de ser un ser humano. Esto ocurre porque al poner énfasis en el poder y la historia del centro, al reaccionar contra el centro, aun se le da al centro un lugar fundamental y poder que este en realidad nunca ha tenido. El centro de poder, o así llamada modernidad Europea y después norteamericana, es un mito. Sin duda este sea un mito que hemos vivido en la piel todos los que hemos sido parte de esa historia de violencia y exclusión. Pero esa violencia y licencia occidental se ha hecho de fuerza y poder gracias a la apropiación de las historias y vidas de aquellos llamados periféricos.

En otras palabras, el poder occidental y cristiano nace fuera de sí y se mantiene gracias a un mito egocéntrico en el que hemos creído casi todos: el poder es de y viene desde la tradición moderna occidental, la dirección del mundo ha sido determinada por y les pertenece a «ellos». Pero, sin embargo (literalmente «sin embargo» sin quitar lo otro originario del centro en sus orígenes y lo periférico en su vida originaria) el mito se hace gracias a la apropiación de los otros y se mantiene por ellos. El centro es un vacío que depende de que se siga creyendo en los blancos que no tienen orígenes africanos y en la matemática cartesiana y las utopías Europeas que no viene de los árabes tanto que como de los Aztecas, Egipcios y Griegos.

En otras palabras, la liberación y decolonialidad serán solo posibles cuando dejemos de pelear contra los fantasmas y de hacernos fantasmas: cuando nos demos cuenta de que el occidente es ya negro, indígena, latino, converso, y bastardo… En ese momento no estaremos solos, ni seremos la exterioridad o el «otro», sino que nos encontraremos en horizontes repletos de posibilidades y vivencias inimaginables para aquellos que aun se definen de acuerdo a la modernidad en su juego binario, destructivo, y ciego. Dussel nos ha regalado la posibilidad de ver la filosofía fuera del juego de fantasmas, por eso es que su Ética comienza desde la vida en su movimiento originario, y desde ahí pasa por Babilonia, Egipto, Grecia, hacia un pensamiento equilibrado o pluriversal (en ves de uni–versal), un pensamiento mundial a partir de la singularidad de vidas distintas y originarias. Lo que queda por verse es cómo iremos adelante a partir y después de esta apertura.

Marx y la Modernidad / Enrique Dussel. Cortesia de ProyectoECOS. Pulse para ver el video:

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* Alejandro A. Vallega es catedrático auxiliar en filosofía y co-director del programa de estudios latinoamericanos en la Universidad de Oregon. Nació en Santiago, Chile y se exilió junto a su familia en el 1974. Desde entonces ha vivido en Argentina, Estados Unidos, Austria e Italia. Su trabajo se concentra en el pensamiento latinoamericano, particularmente en la articulación del pensamiento, historia y cómo esta se desarrolla en la conciencia de la exterioridad y alteridad dentro de la periferia norteamericana y de la filosofía europeo-occidental. Sus areas de especialización lo son la filosofía latinoamericana, filosofía de la liberación, filosofía de la antigua Grecia, filosofía europea contemporánea (fenomenología, deconstrucción, hermeneutica) e historia de la filosofía post- colonial. Latinoamericanista, también enseña literatura latinoamericana contemporánea e historia del arte latinoamericano. Antes de entrar en el campo de los estudios filosóficos, era un artista y pintor profesional y en la actualidad sigue activo en tal arte.

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