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UN PERFIL DE VICENTE ESCUDERO

Por José de la Vega*

El baile es el mejor homenaje que se le puede hacer al cuerpo humano.

Vicente Escudero fue en el baile flamenco lo que Picasso en la pintura y Falla en la música. Para llegar a Vicente Escudero hay que pasar antes por los otros dos.

Los bailaores antiguos tenían por su machismo como mieo de subir los brazos más arriba de la barbilla, y con las manos no sabían qué hacer, parecía como si les estorbasen para bailar, por eso casi siempre les daban gusto a los picos de la chaquetilla; dicen que la mayoría bailaban un poco espatarraos hasta que aparece Vicente Escudero que hace un verdadero rompimiento en el Baile Flamenco, elevando los brazos por encima de la cabeza y componiendo esas figuras geométricas llenas de estética y de elegancia y que hoy día frente a tantas nuevas formas danzarias, siguen siendo actualidad y fuente de inspiración para el buen bailar.

CONOZCO A VICENTE ESCUDERO

En 1961 Vicente Escudero regresa a Barcelona después de su última actuación en el Mc Millen Theatre de Nueva-York. Sabedor de que pluma especializada como la del eminente y avezado crítico Sebastián Gasch elogiaba mi baile Escuderista en el Semanario Destino, del que extractamos:

Vicente Escudero aparte, que Escudero pertenece a otra generación, este muchacho de hierro, sencillo y admirable, es el único y auténtico bailarín de que disponemos en 1958.

La curiosidad le incita a desplazarse al «Primer Festival de Danza» de Castelldefels, donde yo actuaba con mi espectáculo. Finalizada la función me anuncian en el camerino que el Sr. Vicente Escudero que venía acompañado del balletómano Alfonso Puig, quería saludarme. Me quedé atónito. Aún no me he repuesto de aquella sorpresa, solo el pensar que había estado viéndome bailar tan ilustrísimo personaje y que ahora lo tendría delante de mis ojos me dejaba turulato. No podía articular palabra.

Y allí fue donde recibí la lección más importante de toda mi carrera de bailarín. De labios de Vicente Escudero:

He podido comprobar cómo respeta usted mi Decálogo sobre el Baile Flamenco Masculino. Pero es una lástima que teniendo usted un baile pastueño y unos brazos tan majestuosos no los lleve arriba cuando baila las escobillas de las Alegrías y esté usted todo el tiempo sin saber qué hacer con las manos.

Y lo mismo que una irradiación espectral, el Maestro elevó sus brazos, como queriendo alcanzar la Gloria en vida, marcándome como debería adornar aquellas Alegrías. Naturalmente, que como fiel apóstol de aquellos cánones, semejante transgresión fue subsanada a rajatabla. A partir de aquel momento se creó una fuerte amistad y se estableció una corriente de simpatía entre ambos que duró hasta el final de sus días.
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DATOS BIOGRÁFICOS

Vicente Escudero Uribe, nace en Valladolid el 27 de octubre de 1888 y fallece en Barcelona el 4 de diciembre de 1980. Fue el segundo de los trece vástagos de un zapatero artesano. Su infancia transcurre entre gitanitos, aunque él no era de ascendencia gitana. Los primeros redobles los oyó sonar zapateando sobre las chapas de las bocas de riego de las calles de Valladolid. Más de una multa tuvo que pagar su padre al Ayuntamiento, ya que, como pegaba tan fuerte, terminaba rompiéndolas.

Se coloca de aprendiz en una imprenta, pero como su verdadera vocación es el baile, el ruido de la máquina le descubría ritmos que intentaba traducirlos en pasos de baile.

Como distraía al personal y se olvidaba de colocar el papel en la máquina, rápidamente le pusieron de patitas en la puerta de la calle.

Decide dedicarse por entero a bailar actuando en plazas y cafés durante las ferias de los pueblos, pasando después el platillo esperando la buena voluntad de los parroquianos.

Siendo ya un mocito y con sus primeros ahorrillos se hace confeccionar por un sastre un traje corto para poder actuar en los Cafés Cantante. No fue en un principio bien aceptado por sus compañeros a causa del mal oído que decían que tenía, pero tuvo la suerte de cuajar en el Café de Las Columnas, donde conoció al coloso del Baile Flamenco Antonio de Bilbao, de quien captó toda su sabiduría.

PARÍS SIEMPRE PARÍS

Le llega el momento del Servicio Militar y lo llaman a filas. Se exilia a Portugal, donde permanece un año. Él no está para órdenes castrenses y quiere ser libre como lo es su propio baile y cuando no encuentra trabajo bailando se las busca como puede y de aquí a la Ciudad del Sena, su meta fue siempre París.

Vicente Escudero llega a París en 1910, con 22 años, precisamente cuando está triunfando la incontrolada anarquista de la danza Isadora Duncan, la estrafalaria Tórtola Valencia y los grandes Ballet Rusos de Serge Diaghilief con aquellos conmovedores monstruos de la Danza Clásica, glorificados por el mundo, como la bella etérea y trágica Ana Paulova, las Tamaras Karsavina y Tumanova o el bailarín del siglo Nijinsky. Espectáculos reservados para gentes de posibles, y no creo que el poder adquisitivo de Escudero en aquella época estuviese en condiciones de paladear los asombrosos entrechat, de Nijinsky, ni aquella insuperable «Muerte del Cisne» de Ana Paulova. Porque todas se atrevían a bailar «La Muerte del Cisne», pero la verdad es que la mayoría no acababan de morirse nunca.

Con motivo de la presentación en París, de los Ballets Rusos, la Condesa de Noailles en uno de sus momentos poéticos decía:

«Parece como si la Creación del Mundo, haya añadido todavía alguna cosa a su séptimo día».

A nuestro «bailamundo» —como así lo llama el Historiador de la Danza, Carlos Murias— no le fue muy fácil en un principio encontrar trabajo. Por fin consigue actuar en algún que otro cabaret, entre oropeles, plumas y mujeres ligeras de ropa. Cansado de este ambiente se marcha a Suiza y estando en Munich le sorprende la primera guerra Europea y como Vicente no está para historias belicistas coge la maleta y se larga a recorrer el continente Europeo y cuando un país entraba en conflicto se refugia en otro. Una vez firmado el armisticio regresa de nuevo al París que le catapultaría a la fama.
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CARMITA GARCÍA

En 1920, se produce un momento crucial en la vida de Vicente Escudero. Centrémonos en el Teatro Olimpia de París donde estando actuando juntos en el mismo programa de variedades, conoce a Carmita García la que se convertiría en su pareja artística y sentimental durante 44 años. Viéndola bailar «Córdoba» de Albéniz queda prendado de su arte y de sus encantos personales.»La otra mitad de mi baile» la definiría Escudero.

En 1922, sorprende a toda la afición parisina con dos recitales en la Sala Gavó (Gaveau), escenario que por primera vez acoge a un bailarín en concierto.

En 1925, Antonia Mercé estrena en el Teatro Trianón de París el definitivo «Amor Brujo» de Manuel de Falla, y contrata a Vicente Escudero para que interprete el papel de Carmelo, y a Carmita García, el de Lucía. Vicente Escudero nos aclara:

Es conocido por todos cuanto seguían el movimiento del Baile Español que Argentina y yo no nos entendíamos artísticamente, y siempre andábamos como el perro y el gato.

En 1929, Antonia Mercé «La Argentina» crea la primera compañía existente de Bailes Españoles, con la que debuta en la Ópera Cómica de París y en tournée por toda Francia. La bailarina Mercedes Dalmau que perteneció a la Compañía, me contaba:

Desde que salimos de París los enfrentamientos eran constantes. Actuábamos en el Teatro Municipal de Burdeos, Vicente se negaba a ensayar el Amor Brujo, se dijeron lo que no está en los escritos, ese día creí que llegaban a las manos… Pero la verdad, José, es que no siendo su baile tan perfecto como el de Antonia, cuando Escudero irrumpía en el escenario eclipsaba a todo el mundo.

CASTAÑUELAS METÁLICAS

Al finalizar esta gira, el inquieto innovador, fascinado por el virtuosismo del tañer de las castañuelas de Antonia Mercé, se hace construir por un herrero unas castañuelas metálicas —como ya existían en la antigüedad, pero, con el formato actual— y se presenta en la Sala Plellell de París, dejando boquiabierto a toda la vanguardia artística parisina.

Otra gran heroicidad dentro del mundo de la danza fue el bailar en esta misma sala de conciertos al ritmo de dos motores eléctricos.
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CONOCE A SEBASTIÁN GASCH

Influenciado por la pintura cubista y surrealista de sus amigos: Picasso, Miró, Juan Gris, Fernan Leger, Metzeger, Braque, etc. con los que se codea en los Cafés de París, crea su espectáculo «Bailes de Vanguardia», y lo presenta en el Teatro Novedades de Barcelona en 1930, década en la que obtendría sus mayores éxitos en Nueva-York.

Vicente Escudero enamorado de Barcelona y de sus ramblas fijaría para siempre su cuartel general en la Ciudad Condal.

Es aquí donde le enjuicia por primera vez el célebre crítico Sebastián Gasch, estableciéndose entre ambos una entrañable amistad que duraría 50 años. A los dos se los llevó la parca con una diferencia de cinco días, aquel frio diciembre de 1980.(A Vicente el día 4 y a Sebastián el 9)

Del libro De la Danza de Sebastián Gasch:

Escudero no elude dificultades al bailar, no hace trampa en este dramático juego, sino que las busca, las crea, para luchar contra ellas, dando el pecho, hasta vencerlas. Por eso su baile es un combate, una lucha encarnizada contra la materia para dominarla y transmutarla en Arte. Un Arte exacto y rotundo, implacable y lúcido, de calidad e intensidad insuperadas e insuperables.

ANA PAWLOVA-SOL HUROK

En 1931, la bailarina Ana Paulova contrata a Vicente Escudero para unas actuaciones en Londres, siendo tan apoteósico el éxito que obtiene, que La Paulova habla con su empresario de Nueva-York, el judío Sol Hurok, para que le incluya en el programa de su inminente reaparición en la Ciudad de los rascacielos, acontecimiento que al fallecer la bailarina este mismo año en Holanda no llegó a feliz término. Pero el avispado empresario no lo duda y a la temporada siguiente lanza a Vicente Escudero por los Estados Unidos de costa a costa.

Sol-Hurok nos dice en su libro «Empresario»:

Caso extraño, fue uno de los más firmes y más confiados artistas que he dirigido. Él y sus gente era una tropa disciplinada; en todas partes el telón se levantaba a su hora y la representación seguía el curso previsto. Esta compañía española, procedente de las Cuevas de Granada, fue absolutamente correcta en todos sus tratos comerciales.

Pero, díganme señores, qué espectáculo flamenco en España ha levantado puntualmente el telón.

Referente a lo que relata el Empresario de que la compañía procedía de las Cuevas del Sacromonte, esto no es cierto. Lo que sucedía es que en un principio tanto Vicente Escudero como Carmen Amaya y muchos otros artistas para convencer a los empresarios y dar más autenticidad al género impostaban sus aborígenes: pues no se concebía en aquella época que un vallisoletano, o una catalana pudiesen bailar flamenco, dado la deformación existente de que este arte era solo patrimonio del Olimpo Gitano afincado en Andalucía.
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Vicente Escudero ha sido el único artista que ha puesto de acuerdo a todos los críticos de Nueva-York. El famoso y exigente crítico John Martin, del New-York Times así lo recibe:

El bailarín Vicente Escudero posee una asombrosa personalidad. El acercamiento al arte es elemental, hasta el punto de ser brutal. Se desplaza con la gracia de un fino animal, su pecho sostenido en alto, moviendo los pies con la delicadeza de un gato, su danza es de una habilidad sobrehumana.

Otro de sus grandes éxitos por los Estados de Unidos, que enardeció a multitudes, sería el bailar al compás de las aspas de un molino de viento.

Extracto de una carta dirigida a Sebastián Gasch desde Los Ángeles, el 20-11-1932:

Querido Gasch… Aquí hay una animación muy grande, ya se han vendido todos los billetes y en vista de esto ya están anunciando otro concierto. Aquí me veo por todos los sitios, periódicos y hasta en la sopa. Lo mismito, idéntico que en España.

Te abraza tu amigo. Vicente Escudero
(Continua página 2 – link más abajo)

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